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Es oficial: Eduardo y Chiche Duhalde no aceptan cerrar el pico

Como el Enmascarado, los Duhalde no se rinden. Acusados de apolillados y conservadores por los K, Eduardo y Chiche dicen cosas que otros peronistas callan

Eduardo y Chiche, los Duhalde, son como tramoyistas teatrales encargados de descorrer los velos que tapan zonas oscuras del kirchnerismo. Ellos le encajan el reflector -de manera brutal- a ese inconsciente político y no hay cómo pararlos.

Encima están vacunados contra el Covid-19 con las dos dosis. El propio Gobierno de Alberto y Cristina (o viceversa) fue a inyectarlos a su casa, como cortesía vip, fuera de protocolo, operativo en el que también vacunaron a las dos hijas de la pareja. Pero ni así han logrado callarlos. El matrimonio que nos ocupa pone en palabras lo que muchos otros peronistas piensan, pero callan.

Lo concreto es que el ex presidente Eduardo Duhalde acaba de anunciar que "haré todo lo posible para que este gobierno no pueda seguir porque no tiene capacidad para hacerlo".

No es que el nono Eduardo haya tenido un lapsus de memoria y que en realidad se esté refiriendo a Mauricio Macri. No. Duhalde no es como Dicky del Solar, el personaje que buriló Ezequiel Campa, ése que cree que el jefe del PRO continúa mandando en la Rosada y que Alberto Fernández es sólo "una persona del gobierno". Duhalde habla claramente de Alberto y de Cristina.

Tudo legal

Hay que admitir que "el Cabezón", como lo han mentado siempre en Lomas de Zamora, aclaró debidamente que su espiche de tono crítico estará siempre dentro de la ley, es decir que su lucha será primero para que el actual Frente de Todos, dominado por el kirchnerismo, no gane las elecciones legislativas de este año y, sobre todo, para que Alberto y Cristina se jubilen en 2023.

Esta vez Duhalde no dijo lo suyo ni en Clarín ni en La Nación, ni en ninguno de esos despreciables medios de la prensa hegemónica a los que fustiga el Gobierno. Eligió decirlo en Crónica TV cuyos dueños tienen conocidas simpatías con el oficialismo. Allí insistió que sus advertencias no tienen intenciones golpistas sino de hacerle entender a Alberto y Cristina que la la gran mayoría del pueblo argentino no es de izquierda ni de derecha sino que es gente del centro político, evolucionista, que quiere la concordia republicana.

Eduardo no soporta a Cristina y, a propósito, para joder la pava, la menciona como "la presidenta de la República" sugiriendo ladinamente que estamos transitando la tercera presidencia de la viuda de Kirchner y no la primera gestión de Alberto. "Cristina se cree de izquierda y Alberto juega ahora a que está bajando de Sierra Maestra", afirma con sorna para luego reiterar que el peronismo es un gran movimiento de centro, no de extremos.

A mí, no

Por su parte Chiche Duhalde, cuyo nombre real es Hilda González (¿vio que casi no quedan mujeres que se llamen Hilda?), ha sido más vibrante con su lengua conurbana. Ella asegura que quienes están en el Gobierno nacional "son todos unos hijos de puta", frase que como sabemos, no está referida a ser vástago de una trabajadora sexual, sino a ser, lisa y llanamente, mala gente.

Como para echar sal en las heridas, la ex senadora nacional y ex jefa de las manzaneras durante la gobernación bonaerense de su esposo, dijo con voz firme en Radio Rivadavia que "estos son uno peor que el otro, han perdido el rumbo y se han olvidado de la gente. Se suben los sueldos, compran con sobreprecios. Cristina se robó el país y sin embargo anda con una actitud de ser intachable".

Cada vez que puede, Eduardo Duhalde recuerda que Cristina nunca quiso a Perón, y que Alberto, del que dice ser su amigo desde hace muchos años y conocerlo bien, "no es ningún revolucionario", por más que lo quiera sugerir con una política exterior que apaña al extremista grupo Hamas y a la dictadura de Maduro en los foros internacionales y que poetiza sobre la Rusia de Putin y la Cuba comunista.

Las colgadas

No hay que olvidar que fue Duhalde quien en 2003 propuso a Néstor Kirchner como el candidato a sucederlo y que sin embargo el santacruceño se desembarazó de su mentor apenas hubo asumido tirándole rayos y hablando pestes del viejo peronismo. Ni las gracias le dio.

Al poco tiempo Néstor y Cristina se dieron a la tarea de crear un nuevo movimiento supuestamente "transversal" y en realidad muy verticalista. Convocaron a radicales y a otros sectores como los piqueteros, los organismo de derechos humanos (a los que antes habían ignorado) y a la izquierda cultural, no porque creyeran en ellos sino porque como bien lo dijo el propio Néstor "la izquierda te da fueros".

Fue entonces que lanzaron artillería pesada contra el "pejotismo", esa cosa que los Kirchner calificaban de apolillada y conservadora y que tenía en Eduardo Duhalde a uno de sus principales referentes. Cristina se multiplicó en actos donde fustigó con ardor a ciertas mujeres peronistas que "viven colgadas de los apellidos de sus maridos" en directa alusión a Chiche Duhalde, situación de la que ella se separaba porque Cristina Kirchner creía tener vida propia. Tan o más importante que la de su cónyuge

Así llegamos hoy a estas tempestades, a estas lenguas destempladas, a estas eclosiones verbales, a este descorrimiento de velos y telones, a esta disputa casi teatral de venganzas y traiciones, a este acto catártico de una tragicomedia que fue acunada por los los vientos de la soberbia política.

Nadie parece con capacidad para cerrarles el pico a los Duhalde. Más allá de la opinión que se pueda tener de ellos (jodidos, complejos) no puede obviarse que ejercen esa libertad que no sólo les da su historia política, sino particularmente la edad. Paradójicamente, la vejez suele presentarse como muy fresca.

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