Cada vez es más notoria la forma y el empeño con que el mendocino Alfredo Cornejo viene intentando elevar su estatura política y el peso de su nombre en las marquesinas del país.
Desde que dejó la gobernación de Mendoza para instalarse como diputado nacional en el Congreso, no ha parado de opinar sobre temas calientes, de dar notas en los medios porteños y de reunirse con dirigentes para trenzar acercamientos. Le da chapa, claro, el hecho de ser el presidente nacional de los radicales
Cornejo afirma que su alta exposición es para mantener en acción a Juntos por el Cambio y posicionar a esa coalición como una oposición firme pero no alocada frente al kirchnerismo y al albertismo.
Los que no lo quieren
Los que desconfìan de él (Carrió y su tropa, los macristas de paladar negro, algunos comunicadores influyentes) han comenzado a tomar nota de que no se trataría del personaje menor que muchos de ellos estimaban.
Al ex gobernador lo ha favorecido, por ahora, el silencio de Mauricio Macri recluido en La Angostura; la batalla silenciosa de Horacio Rodríguez Larreta para que la Casa Rosada no tome represalias político-financieras contra las arcas de la Ciudad de Buenos Aires; y la nueva vida de María Eugenia Vidal, enamorada, mientras intenta superar las heridas de la derrota bonaerense a manos de Axel Kicillof.
También pesan los dislates del otrora gurú sociológico de Macri, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, quien acaba de calificar a Cristina Kirchner como "la mujer más brillante de la historia argentina", al tiempo que asegura que Alberto no era tan malo como él creía.
Saquemos pecho
Cornejo quiere, al parecer, matar dos pájaros de un tiro: por un lado defender a muerte la permanencia de los radicales dentro de Juntos por el Cambio y al mismo tiempo levantarle el perfil a la UCR para que esté en mejores de condiciones de tener voz y voto dentro de esa coalición.
Desde que en 2015 macristas, radicales y Carrió se asociaron para ser gobierno, la UCR quedó en condiciones desfavorables respecto del PRO.
Macri era por entonces la novedad que arrastraba más votos dentro de Cambiemos. Pero eso es historia. Como dice ahora el ya mencionado Durán Barba, "Macri ya fue", como añorando aquellos cheques de los años en que reinó como asesor superstar del ex presidente.
El cachetón
Desde el "trompadón" que la realidad le dio a Cambiemos en las PASO nacionales de agosto de 2019, Cornejo curtió un nuevo discurso: la forma de salvar a esa coalición era abrirla, airearla, renovarla.
Cuando en octubre Alberto y Cristina ratificaron su triunfo, aunque no por los márgenes avasallantes que le daban algunas encuestas, Cornejo entendió que el 40% de sufragios de Juntos por el Cambio involucraba algo mayor que a Macri.
De allí es que salió a pedir no sólo que nadie sacara los pies del plato de la coalición (40% de los votos es una bendición del Señor en cualquier país), sino que en el rol opositor que ahora les tocaba no hubiese un líder (es decir, que no estuviera Macri, hoy desacreditado) sino una conducción horizontal.
Cornejo no puede decirlo explícitamente, pero todo indica que cree que él y Rodríguez Larreta harían una buena dupla en esa horizontalidad.
Otra buena noticia para Cornejo es que en territorio bonaerense, donde hay más de 40 intendentes radicales, el triunfo de Kicillof no ha terminado licuando la influencia de la UCR.
Los problemas políticos y financieros del gobernador Kicillof no sólo han abroquelado a esos jefes comunales opositores sino también a los legisladores de Juntos por el Cambio, con quienes Kicillof está obligado a negociar si quiere sacar leyes.
Áspero es el camino opositor en el que pretende seguir trotando el mendocino. Tendrá que andar con sagacidad y plasticidad. La política suele tirar de traste a más de uno de esos que se proponen crecer.
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