Intelectuales, artistas y comunicadores kirchneristas han descubierto que la moderación es un disvalor a los fines de la revolución imaginaria que plantean. Así lo han establecido en un documento que, para evitar dudas, han titulado "Moderación o Pueblo".
El Pueblo no tiene moderación, la nueva enseñanza política de cierta intelectualidad kirchnerista
El destinatario central de la diatriba es Alberto Fernández. En el documento le zampan algo así como una fulminante admonición militante. Le "enseñan" que no es con la moderación como los pueblos cambian las cosas. Además, le refutan su visión de unidad en el Frente de todos.
La moderación, creen, es algo inherente a los políticos que no tienen los cojones bien puestos, a diferencia del militante esclarecido de la izquierda kirchnerista que la tiene clara como poca gente en el mundo. Así es como denuncian, por ejemplo, que la unidad del pueblo la quebró el propio presidente Fernández y su ministro Martín Guzmán, al pactar un acuerdo impopular con el FMI.
El aval a ese acuerdo fue votado por la mayoría del oficialismo y de la oposición en el Congreso pero fue rechazada por el voto de kirchneristas y camporistas, entre ellos el de la senadora nacional por Mendoza, Anabel Fernández Sagasti, quien había prometido que iba a votar "como peronista y mendocina".
Los modos
Alberto Fernández, como le ocurre todos los días, se justifique o no, creyó conveniente salir a decir algo. "Me cuestionan los modos, porque no lo digo a los gritos. No soy moderado, hago lo que hay que hacer", explicó como para apaciguar a los fervorosos y demostrar que a él también le corre sangre por las venas.
Templanza, mesura, prudencia y capacidad de discernir son valores muy apreciados en la política. Y si están sabiamente mezclados con audacia, astucia, imaginación y, sobre todo valentía, pueden dar resultados muy provechosos en la política.
Los que presentaron la idea de que la moderación no tiene nada que ver con lo que pregona el Pueblo, son gente que no está obligada a gobernar ni rendir cuentas ante la sociedad y para los cuales es muy fácil y cool decir que la moderación es un lastre de la democracia liberal y que por ello eligen la soberbia, la desmesura (y la canallada).
Hacen como que les da asco que algunos crean que en el concepto "término medio" pueda estar la virtud. Son los mismos que hace un tiempo se la agarraron contra el mérito, es decir aquello que se consigue con el esfuerzo personal. (En uno de los muros de la UNCuyo puede leerse aún un grafiti que está a tono con esa idea: "Tu progreso me deprime").
Cuando saltó la discusión sobre el mérito, Alberto Fernández les dio la razón bajo la peregrina idea de que así se iba a congraciar con los kirchneristas y cristinistas que se mofan de él, que no lo respetan y lo acusan de ser un "mequetrefe" y un "okupa" de la Casa Rosada.
Iluminados
De una cosa podemos estar seguros: estos esclarecidos, que sueñan con declarar el default, abolir el liberalismo político y económico y colonizar al gusto propio a la Justicia, no van a pasar nunca a la clandestinidad. Su prédica es puro piripipí, pero es un avance que no hablen de lucha armada.
Ya padecimos con creces las barbaridades cometidas tanto por el peronismo de izquierda como por el peronismo de derecha en los ´70 que concluyó en la peor noche de los tiempos: la dictadura salvaje de los militares alzados contra la Constitución. Si en aquellos años hubiera prevalecido la moderación, el pueblo no habría sufrido tanto.
Hoy muchos de esos esclarecidos están muy bien apoltronados en los miles de puestos que el kirchnerismo, a través de La Cámpora, les ha dado en el PAMI, en la AFIP, en la ANSES y en decenas de reparticiones nacionales y provinciales que maneja la agrupación de Máximo Kirchner, donde bulle mucha "caja".
Ello les permite a estos dirigentes hacer política como les enseñó Néstor Kirchner: con plata. Y a sus cuadros importantes de la "orga", disfrutar a placer en las playas de la Riviera Maya. Y lleva a algunos de sus intelectuales a caer en la ridícula afirmación de que la moderación no es un valor que el pueblo cultive.
De Néstor Kirchner, que fue un maestro de la impostura, aprendimos que la izquierda te da fueros, que los artistas te dan fueros, que la prensa militante mantenida con dineros públicos te da fueros, y que los derechos humanos te dan fueros, además, claro, de los cargos eternos en el Congreso nacional que te dan fueros de por vida.




