¿Es potable el agua de La Paz? El Gobierno provincial dice no tener dudas de que lo es, pero no es lo que le ocurre a todos los vecinos de la comuna. Esta semana, algunos expresaron su preocupación ante la excesiva presencia de sales en el líquido que brota de sus canillas -el cual muchos evitan tomar- y afirman temer que eso esté generándoles consecuencias negativas en la salud. Ante la publicación de estudios que cuestionan la calidad de la sustancia y frente a los constantes reclamos de los paceños, desde el Ejecutivo convocaron al intendente, Fernando Ubieta, a una reunión con Aysam para la próxima semana. Planean nuevas mediciones en los pozos y la Asamblea por el Agua quiere un "censo" que vaya casa por casa.
El martes pasado, en el programa No Tenés Cara, de Radio Nihuil, se dio a conocer el malestar que hay en la comuna esteña por esta situación. Fueron entrevistados Ubieta y el titular de Agua y Saneamiento, Humberto Mingorance, quien aseguró que no hay peligros en consumir el recurso hídrico en esa zona. ¿Por qué las dudas, entonces? Porque es un agua históricamente calificada de "muy dura", con una cantidad de carbonato de calcio que excede los límites óptimos y recomendados.
Meses atrás, esta situación movilizó a un puñado de habitantes hasta el concejo departamental, donde solicitaron aplicar "la banca del vecino", una modalidad que les otorga 15 minutos para expresarse en el órgano legislativo casi como si fuesen un concejal más. Ahí se quejaron y pidieron una medición exhaustiva de esos niveles y de otros minerales. Según Carlos Raed, presidente del Concejo, esas personas "nunca volvieron" con un presupuesto para realizar el estudio, así que fue la comuna la que respondió.
Lo que hizo fue ofrecer un análisis que le solicitó en febrero a la Municipalidad de Junín y que es concluyente: "Los resultados obtenidos de las mediciones realizadas no se ajustan a las normas de calidad del agua potable (resolución N° 35/96 del EPAS)". A ese dato, ya de por sí inquietante para quienes se manifestaron, se agregan las propias mediciones de Aysam: una de ellos muestra que, de las doce bocas de extracción que tienen, en sólo una los niveles de carbonato de calcio están por debajo de los 500 miligramos por litro, que es el límite recomendable. En el resto, llegan hasta a los 776 mg/l.
Algunos paceños se preguntan si estos niveles no pueden estar haciéndoles padecer patologías como cálculos renales, ya que algunos tipos comunes de cálculos tienen calcio en su composición. Respecto a esto, uno de los datos más importantes es que la Organización Mundial de la Salud ha hecho estudios y afirma que no está demostrado ningún tipo de relación entre agua dura y las piedras en los riñones. Diario UNO intentó comunicarse varias veces con el arquitecto Mario Draque, uno de los directores del Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS), pero no lo consiguió.
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El llamado de Mema al intendente Ubieta
Lo que afirmaron a UNO en el municipio fue que el mismo martes en que la historia fue contada, al intendente lo llamó el ministro de Gobierno, Natalio Mema y lo convocó a un encuentro junto a funcionarios de Aysam para definir cómo van a seguir. Esto, a pesar de que el Ejecutivo asegura no tener el más mínimo interrogante de que el agua es apta. "Es dura como siempre ha sido, pero confirmamos que se puede tomar", aclararon.
A eso, y frente a las consultas de UNO, enviaron también un artículo escrito por un ingeniero técnico agroalimentario catalán -Jordi Sabaté- donde se asegura que "la razón de que se formen los cálculos parece estar más vinculada a una predisposición genética que a la riqueza mineral de alimentos y bebidas". No obstante, en cuanto a la potabilidad el mismo escrito agrega lo siguiente:
"Un agua dura potable, según la clasificación de la OMS, posee entre 10 y 500 miligramos de equivalentes de carbonato de calcio por litro". A priori, parece establecer un límite que los pozos de donde extraen agua los paceños superan hasta en un 50% más.
Ubieta tiene pensado pedirles un muestreo más grande y con una metodología diferente a la actual. Al día de hoy, Aysam asegura que se realiza doce tomas de muestra mensuales en el departamento: seis en cada uno de los pozos de extracción y otras seis en puntos de muestreo. La diferencia es que los primeros son la fuente primaria y los segundos, ubicados en casas o escuelas, relevan el agua una vez que ya pasó por las cañerías, donde puede haber algún tipo de afectación.
Dado que el organismo estatal no ha encontrado irregularidades, según expresa, el intendente solicitaría entonces que hagan más mediciones en hogares particulares, para ver cómo está saliendo el líquido en los grifos de la gente. Desde el municipio no pudieron especificar cuántas tomas más requerirán, ya que dijeron que es una consulta pendiente con sus equipos técnicos y señalaron que salvarán esa duda en los próximos días.
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Cómo es el "censo" que arman algunos paceños
Además de lo anterior, los miembros de la Asamblea por el Agua de La Paz están armando una suerte de "censo". Quieren ir casa por casa preguntando a los vecinos si en sus familias tienen antecedentes de operaciones de vesícula, cálculos renales o patologías similares. "Por lo menos vamos a arrancar en el centro del departamento y después ver hacia dónde nos extendemos, pero estamos buscando gente para realizarlo en los meses que vienen", afirmó uno de los referentes.
Quieren linkear esas posibles dolencias, si es que las encuentran en cantidad, con su reclamo por la dureza del agua. El objetivo es convencer al Ejecutivo municipal y también al provincial de que haya una planta potabilizadora en el departamento, como la hubo hace años.
Asimismo, planean algo así como una red en la que los "censistas" se multipliquen: que alguien a quien le van a preguntar a su casa, a su vez colabore haciendo otros relevamientos a distintas personas. Nada de esto sería oficial, desde luego, pero aportaría información.
Desde Aysam agregaron que ya trabajan en una prueba piloto para mejorar la calidad del servicio en otros aspectos. En los próximos meses, por ejemplo, tienen pensado probar una metodología que se usa en Chile para detectar y bajar los niveles de arsénico, que es otra problemática en el agua de Mendoza, de acuerdo a datos oficiales.
Según supo este medio, la primera etapa se haría en una escuela de Lavalle antes de 2025 y ya tienen empresas en la mira que podrían realizarlo.
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