Análisis y opinión

El efecto Rosario Lufrano: qué hacemos con los medios en manos del Estado

La renovación del Congreso nacional sería una gran oportunidad para redefinir el rol de los medios en manos del Estado. El caso de la TV Pública

El Congreso de la Nación nos está debiendo una norma actualizada que ponga claridad sobre el rol de los medios de comunicación en poder del Estado, manejados usualmente por propagandistas y militantes del Gobierno de turno. Eso sería una forma noble de empezar a respetar el bolsillo de los contribuyentes y de dar una señal republicana.

Que debamos pagar con nuestros impuestos esos medios públicos que están desnaturalizados es una sonora canallada anti democrática que no debería aceptarse en un país que quiere progresar. El uso de dineros públicos en provecho de la facción partidaria de turno queda particularmente de manifiesto cuando hay una campaña electoral.

Si convenimos que de verdad los medios de comunicación del Estado son necesarios, éstos deberían dar cabida a todas las voces políticas, al debate republicano, a la investigación, a difundir temas educativos, de ambiente o programas de interés general en lo artístico, como documentales o ficciones. E incluso a experimentar con la digitalidad, las redes y las plataformas. Si los usamos para el pavoneo propagandístico de los gobiernos de turno, es plata tirada.

El meollo

El quid de la cuestión es que esos medios públicos deberían estar manejados por un comité extrapoder. Un ente que estuviera conformado por pocas pero reconocidas figuras de la comunicación, del arte, de la política, de las organizaciones no gubernamentales, con la claridad de saber que no es militancia partidaria lo que se espera de ellos, si no una honesta actitud política, en el sentido más sano del término, para favorecer la democracia informativa.

La BBC de Londres, el ejemplo más conocido, es una corporación pública que brinda el servicio de radio, televisión e internet y que, por medio de un estatuto real, tiene garantizada la independencia de los controles políticos y comerciales. Algo similar, impensable en la Argentina de hoy, es lo que deberían empezar a estudiar nuestros legisladores ahora que se va a renovar parte del Congreso nacional. Aunque parezca una perogrullada, hay que repetirlo sin temor: los medios del Estado no son del Gobierno. Un medio público es sostenido con la plata de los ciudadanos de todos los signos partidarios. Es habitual que al ver desvirtuada su función, muchos contribuyentes le escapan a esos canales o radios porque encuentran más interés y confianza en los medios privados.

Derrape

Radio Nacional, por ejemplo, que debería ser un ejemplo de sensatez, es hoy un medio donde todos los que están ante un micrófono parecen desesperados por ver quién critica con más fervor a Macri o a Juntos por el Cambio. Hace rato que la Televisión Pública perdió el rumbo. Es televisión al servicio del Gobierno, no de los televidentes.

Fíjese lector que el único programa que logra tener un punto de rating es el de los cocineros argentinos, medición que sube solamente cuando pasan partidos de fútbol de la Liga Profesional o de la Selección.

Esto es el resultado de décadas de confusión política macerada en calderos autoritarios. Ni los partidos más conscientes de esta anomalía democrática han sabido mejorar la situación, quizás creyendo que a ellos también les podría servir.

Rechazo social

Para que esto empiece a cambiar, la clase política debe sentir que existe un rechazo social hacia esas prácticas, algo que todavía no está extendido en la Argentina.

En las dos presidencias de Cristina Kirchner se llegó a niveles notables de parcialidad oficialista que no le sirvieron de nada, salvo para convertir a la TV Pública y Radio Nacional en vehículos de una prédica constante contra el entonces jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri. El ciclo 6, 7, 8 les sirvió como mascarón de proa, pero fue en vano: Macri terminó siendo Presidente en 2015.

¿Cuál fue el resultado de las sucesivas y extensas "cadenas de radio y TV" de Cristina que se escuchaban hasta en los supermercados ya que debían acoplarse hasta las FM? Lo que lograron fue el hartazgo.

Lewin y Lufrano

¿Qué hizo el Observatorio de Medios, que conduce Miriam Lewin. Ratificó en los hechos que fue creado por este Gobierno para auscultar sólo a los medios independientes. Dicho Observatorio ha sido un absoluto fracaso porque no tuvo fines claros ni serios, ni verdadera actitud crítica ni científica. Nunca escuchamos ni leímos que Lewin haya levantado un dedo para señalar las malas artes en los medios del Estado transformados en medios del Gobierno de turno. "Nunca monitorear el pensamiento ha dado buenos frutos" dijo en su momento ADEPA.

Por estos días se ha registrado una interesante discusión entre las autoridades de la TV Pública, que conduce Rosario Lufrano, a su vez titular de la RTA (Radio y Televisión Argentina), y la ONG Transparencia Electoral a raíz de un estudio realizado por esta última entidad sobre el noticiero central de ese canal.

Ese análisis determinó que la mayor parte de los contenidos del noticiero (nada menos que el 70%) tenía que ver con el Frente de Todos, es decir con el partido de Gobierno, y sólo el 28% con el principal partido de la oposición Juntos por el Cambio. Lufrano se defendió argumentando que el sondeo había confundido información de gobierno con propaganda.

Plural y diverso. Esas dos palabras se usan en el mundo más desarrollado para fijar las características principales que deben tener los medios de información en manos del Estado. Y la otra consigna es que no se debe discriminar a la oposición. Y precisamente esto último es lo que registró Transparencia Electoral en el noticiero de las 21 de la TV Pública. Y es un sólo ejemplo.