Análisis y opinión

Los días espesos del gran entretenedor

Por ahora ya no hay posibilidad de que Marcelo Tinelli haga política como él lo hubiera deseado ni de que cumpla con esa meta en los tiempos que él imaginaba. Además, la política parece no quererlo bien a nuestro personaje. Y lo que es peor, ha generado desconfianza, algo muy malo para un aspirante a político.

Es que una cosa es ser un gran entretenedor en el espectáculo o un productor exitoso de TV y otra muy distinta aspirar a ser intendente, legislador, ministro, gobernador o presidente con las mismas credenciales.

El carisma o el don del liderazgo político no se compran. De la misma manera que él no adquirió en un mercado el ángel que lo distingue de otros conductores de TV.

Maldito “fóbal”

Su otra pasión es el fútbol, un deporte que está profesionalmente parado, enquilombado y con problemas financieros. Es presidente de un club grande, pero en ese rubro parecen perseguirlo las fatalidades desde aquella noche en que le echaron “ácido” a su intención de presidir la AFA.

Antes Tinelli sugería que venía a oxigenar el fútbol argentino. Ahora, está visto, es un tramoyista más de ese teatro de hipocresías.

En tanto, la televisión abierta, su hábitat, que ha mejorado el nivel de audiencia por el confinamiento obligatorio de los argentinos, ha centrado su interés en los programas periodísticos sobre la pandemia. Esa TV viene sumando trabas para hacer ciclos en vivo y para seguir teniendo en el aire unas pocas producciones de ficción o de entretenimiento.

Lo uno y lo otro

 Marcelo Tinelli, que acaba de cumplir 60 años y era hasta hace poco el rey indiscutido de la televisión argentina, ahora es discutido hasta por “clientes, favorecedores y amigos” como decían los locutores de radio cuando yo era chico para referirse a quienes les bancaban sus programas.

Muchos de sus seguidores más fieles vienen de la época de Video Match, aquel ciclo de filmaciones graciosas vinculadas al deporte que Telefe estrenó en 1990  en un horario marginal de medianoche y que duró 12 temporadas.

Después vinieron éxitazos como Ritmo de la Noche, VideoMatch y el Bailando. Antes de todo eso, Tinelli  había sido notero en varios de los ciclos de Juan Alberto Badía, su maestro, y además comentarista de fútbol en Radio Rivadavia.

Como Bob, esponja

¿Basta esa descripción para hacer distinto a alguien? No. Tinelli es Tinelli porque excede un curriculum. Es lo que los norteamericanos llaman un self made man, alguien que se ha hecho  a sí mismo y que es distinto a todos. Alguien que ostenta un traje a medida.

Tinelli fue una esponja. Tuvo una enorme habilidad para aprender de los grandes y para pasar todo eso por su tamiz de muchacho avispado de provincia.

No es que Tinelli haya caído ahora en desgracia únicamente por haberse ido en un avión privado con toda su familia a una flor de casa en Esquel luego de que se hubiera decretado la cuarentena, ni por haber utilizado supuestamente un vuelo sanitario para que le llevaran valijas con remedios.

Tinelli ya venía en declive desde hace tiempo porque se le empezaron a notar las costuras.

En su afán de utilizar el entretenimiento y el show para catapultarse a la política y a la dirigencia deportiva, comenzó a desdibujar su imagen.

Por ejemplo, con sus sociedades comerciales con personajes como Cristóbal López o sus tejemanejes con dirigentes de la AFA de escaso prestigio.

La paja y el trigo

En los últimos tiempos Tinelli quiso hacer muchas cosas a la vez como  si se le acortaran los tiempos. Su sociedad política con Alberto Fernández en el organismo contra el hambre le quita posibilidades de que, como en otros tiempos, su ciclo vaya a ser un lugar de bienvenida sátira política.

Durante más de dos décadas Marcelo Tinelli integró los top ten de los argentinos con mayor influencia sobre la opinión pública. Fue meritorio.

Eso luego se reflejaba en los índices de rating. Pero rating e intención de voto son dos cosas muy distintas. De la misma manera que los trajes a medida, esos que nos quedaban tan bien, y que con los años nos tiran de sisa o ya no nos prenden los botones.

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