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Análisis y opinión

¿Debe haber primera dama en un gobierno republicano? El caso de Mendoza y el proyecto de Boric

El nuevo presidente chileno y su novia, "la Irina" como él le llama, han cuestionado el rol de las primeras damas

En Mendoza hay una cultura criteriosa, felizmente extendida, por la que los familiares directos del gobernador tienen la tendencia a guardar un bienvenido recato republicano. Voy a citar un caso.

Durante la gobernación de Julio Cobos (2003-2007), la que por entonces era la esposa de ese mandatario, Cristina Cerutti, se presentó una tarde de domingo en la recepción de Diario UNO y dejó una carta en la que cuestionaba algunos comentarios vertidos en columnas de opinión de mi autoría, que no eran muy favorables para la gestión de su marido, en particular en el área de Obras.

La carta era correctísima. Criticaba con educación y daba sus puntos de vista para atemperar las críticas. Cerutti era entonces primera dama de Mendoza, pero había actuado como una ciudadana más. No se había aparecido con custodia, no había prepoteado, ni había "chapeado" con ser "la esposa de", simplemente había entregado una carta y había solicitado "por favor" que se la entregaran a este columnista. Al otro día publiqué la carta en Diario UNO como ejemplo de discrepancia republicana.

Recordé la anécdota el domingo pasado (19/12/21) al leer las noticias vinculadas al triunfo de Gabriel Boric. Como soy de los que creen que muchas cosas valiosas suelen estar en los detalles, me llamó la atención un artículo "de color" en el que se informaba que el nuevo mandatario trasandino quería abolir el cargo de primera dama en su país.

Ah, pero el protocolo

Nos referimos a ese título protocolar con olor a rancio que suele ser utilizado en la política de muchas naciones y que es, a esta altura de los tiempos, una tontería chirriante que no condice con la democracia republicana.

El solo hecho de sugerir que una ciudadana está por encima de las demás es un disparate que hace rato que deberíamos haber anulado. En Argentina, por ejemplo, plantear la existencia de una primera dama es una falta de respeto a "la noble igualdad" a la que hemos sentado en un trono y le cantamos rindiéndole culto. Cada vez es más palpable que hay que minar el poder de estas cosas.

A la figura presidencial (varón o mujer) se le acepta el mote de primer mandatario o mandataria de un país por una razón muy simple: está imbuida del poder popular que le otorgan los votos.

En cambio a la mujer de un presidente o al marido de una presidenta no los elige nadie. Tampoco a los hijos de estos, muchos de los cuales, han generado más de un problema al resto de los ciudadanos. ¿Pero cómo ignorar que vienen adosados?

¿Se va la primera?

Cuando votamos, la boleta que ponemos en el sobre no especifica que además estemos eligiendo a la parentela cercana de quien resulte electo. Lo damos por descontado, creyendo que van a estar a la altura de las circunstancias.

Los elegidos por voto popular vienen casi siempre con familia. O si usted quiere, con "premio". Por ejemplo, los hijos. Varios de los cuales creen que ser vástago de la figura presidencial les da un shock de inmunidad. Permítanme el detalle de no hacer nombres con las descendencias a las que me refiero.

Ninguna primera dama o primer caballero es elegido por el pueblo y tal denominación debería desaparecer de los protocolos. Si el presidente es un varón, la aludida debería ser nombrada como "su esposa" o "su pareja". Y si la primera magistratura recayera en una mujer, igual: su esposo o su pareja.

¿Qué pasaría si se diera el caso de que la institución presidencial fuera ocupada por alguien con un matrimonio igualitario? Simple. Habría que tratarlo con normalidad: su esposo, su esposa, su pareja. Sería ridículo que apeláramos a cosas del tipo "su primera dama igualitaria".

Jodido parentesco

En el orden nacional ese recato mendocino de los familiares suele estar ausente. La prueba más reciente fue el famoso cumpleaños de Fabiola Yañez, pareja del presidente Alberto Fernández, realizado en la residencia oficial de Olivos en plena pandemia cuando regía la prohibición para todo tipo de festejos, ordenada en un decreto presidencial por el propio esposo de la cumpleañera.

Gabriel Boric (35), presidente electo de Chile, no está casado, pero desde hace tres años está en calidad de "pololo" con Irina Karamanos (32) una cientista política. "Tenemos una relación muy horizontal", explicó el ganador de las presidenciales. Irina, la novia, ha ido por la misma senda: "Hay que repensar el poder y las relaciones que emergen de él. Estamos en tiempos distintos".

Los dos detestan el término "primera dama" y han dicho que lo quieren hacer volar del protocolo. "No pueden haber cargos en el Estado que tengan que ver o estén relacionados con el parentesco del Presidente", agregó el nuevo líder de la izquierda chilena.

Como se decía hace mucho tiempo: "chupate esa mandarina".

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