Opinión

De qué hablamos cuando hablamos de Reforma institucional

La autora de esta nota de opinión es legisladora provincial por la Unión Cívica Radical y presidenta provisional del Senado

Las instituciones son organizaciones sostenidas en el tiempo compuestas por personas unidas para lograr un fin común. Un club social, una iglesia, una unión vecinal, la cooperadora de una escuela son instituciones. También lo son el Poder Ejecutivo, el legislativo, el judicial, los municipios. La diferencia sustancial es que estas últimas, las instituciones políticas, son sostenidas financieramente por los ciudadanos, todos nosotros

La composición y funcionamiento de las instituciones políticas están determinadas por la Constitución Nacional y por las constituciones provinciales. De ellas derivan una enorme cantidad de leyes que tienen un impacto directo en la forma en que el Estado presta servicios: justicia, hospitales, escuelas, transporte, rutas, seguridad, etcétera. El cambio es permanente, la vida se trasforma, aparecen nuevas realidades y con ellas la necesidad de que las instituciones se renueven para dar respuestas. Si esto no ocurre nuestra vida va por un lado y las leyes por otro. El Estado se vuelve algo lejano que no nos representa ni nos cuida. Por eso en 1994 se reformó la Constitución Nacional, lo cual significó un gran avance e impulsó a que las provincias iniciaran sus propios procesos de reforma, para poner en valor su propia identidad e interpretar sus particularidades.

Desde ese momento hasta hoy la mayoría de las provincias reformaron sus constituciones. Una de las que no lo hizo es Mendoza, con la particularidad de que es la provincia cuya Constitución es la más antigua del país. Fue sabia en su momento, lo sigue siendo, pero tiene 106 años. Cuántas cosas cambiaron en los últimos 106 años?La lista sería infinita…

Manteniendo la personalidad de la Constitución de 1916, el gobernador Rodolfo Suarez en agosto de 2020 envió a la Legislatura provincial un proyecto de ley que declara la necesidad de la Reforma Constitucional, proponiendo, no imponiendo, algunos temas para debatir. Citamos algunos:

Disminución del costo de la política: una sola cámara en la Legislatura y eliminación de las elecciones cada 2 años. Hoy hay 86 legisladores que representamos exactamente lo mismo.

Federalismo: representación territorial obligatoria de todos los departamentos en la Legislatura. Si bien hay 86 legisladores, hay periodos en los que sin un vecino intenta hablar con algún legislador de su departamento no puede hacerlo, simplemente porque no lo hay.

No reelección del gobernador y una sola reelección para los demás cargos electivos: ¿Es legítimo que haya personas que ocupan cargos políticos relevantes durante 20 años, por ejemplo? Es legal, pero profundamente poco empático y distante de la democracia y la república que meremos.

Equilibrio fiscal como deber del Estado y derecho del ciudadano:ningún gobierno podrá gastar más de los recursos que tiene. Ya no sería posible, por ejemplo, que alguien, sea del partido que fuera, nombrara empleados públicos antes de dejar el gobierno mientras quienes no tienen ese privilegio día a día luchan por mantener sus empleos, buscar otros para llegar a fin de mes o encontrar alguno. Tampoco sería posible que, como ha ocurrido, un gobernador malgastara los recursos y dejara la provincia endeudada por no poder pagar ni los sueldos ni a los proveedores.

Autonomía municipal: ¿Es lo mismo vivir en La Paz, de Capital, de Godoy Cruz o de Lavalle?. Claro que no. Las realidades son distintas, las necesidades también. No es posible que todos los departamentos se rijan por una misma ley provincial. Cada vecino tiene derecho a que su municipio tenga las competencias y el margen de acción necesarios para atender sus demandas. Unos necesitarán más caminos, otros hospitales, otros escuelas, otros transporte. Todos los vecinos, vivamos donde vivamos, merecemos que nuestras necesidades se conviertan en derechos.

Eliminación de las sesiones secretas: hay temas en los que corresponde que el voto sea secreto, para resguardar derechos de otras personas y evitar distorsiones. Pero no hay motivos por los que la sesión deba ser secreta. Los ciudadanos tenemos derecho a la trasparencia, a ver y a saber.

Igualdad de oportunidades para mujeres y varones: hay importantes avances en este sentido, pero falta mucho. El hecho de que este principio tenga garantía constitucional constituiría un enorme paso adelante.

Jerarquizacíon constitucional de los órganos de control: pocas cosas fortalecen más a la democracia que los controles sobre el Estado. Tenemos derecho a que las acciones de los funcionarios públicos sean impecables.

Esto es: es sencillo, no hay nada oculto, no hay ninguna doble intención. Sólo la voluntad de hablar sobre estos puntos, que están absolutamente abiertos al debate. No hay temas “cerrados” ni tiempos perentorios.

El Frente de Todos dice que éstos no son los temas que le importan a “la gente”, y que es un “engaño político”. ¿Quién o quiénes pueden adueñarse del conocimiento de lo que le importa a “la gente”? ¿A “la gente” le importa el Consejo de la Magistratura nacional o lo que la vicepresidenta le permitió o no hacer al Presidente?.¿ Alguien sabe más sobre “la gente” que la gente misma? Los mendocinos nos dejamos engañar? ¿Nuestra inteligencia es limitada y no sabemos discernir?.

Dejemos que “la gente” opine, que se exprese, que elija cómo quiere vivir. Que diga si está de acuerdo o no. En el proceso de reforma primero se debate en la Legislatura, donde están representadas todas las fuerzas políticas elegidas por los mendocinos. Luego los ciudadanos votamos en elecciones generales si queremos o no reformar la Constitución, y luego votamos por los convencionales constituyentes, que son quienes van a redactarla y representan a cada uno de los partidos políticos.

El poder constituyente está en “la gente”, que somos todos. El engaño está en tergiversar la verdad, en impedir que los mendocinos escribamos con nuestra propia mano nuestra vida colectiva. Tenemos una gran oportunidad. Tenemos derecho a que nos permitan vivirla y merecemos que reconozcan nuestra inteligencia.

No queremos que otros decidan lo que nos importa y lo que no. Lejos quedaron esos tremendos momentos en los que otros decidían por nosotros.