La frase no podría haber sido más desacertada e inoportuna: "Tenemos que ver la manera en que Argentina se convierta en una puerta de entrada para que Rusia ingrese en América Latina de un modo más decidido".
De cuando Lolita Torres o Natalia Oreiro invadían Rusia con otros fines
¿Cómo calificar estas palabras de nuestro presidente, Alberto Fernández, dichas a principios de febrero en el Kremlin ante Vladimir Putin?
Este ruso, que añora la época de los zares, de la URSS y de la KGB siniestra, hace todo de un modo muy decidido, sobre todo invadir países vecinos, como ha quedado demostrado por estas horas en Ucrania. No necesita que le abran puertas, las abre a las patadas y con cañonazos.
Pese a que Alberto Fernández fue debidamente advertido de la inconveniencia de concretar esa visita a Rusia ante la evidencia de que Putin preparaba una invasión masiva a Ucrania, el mandatario argentino se permitió regalarle al autócrata de Moscú frases como: "la Argentina tiene que dejar atrás la excesiva dependencia de Estados Unidos", dicha con la intención de endulzar los oídos de Putin y de Cristina.
El factor Natalia Oreiro
Hay, sin embargo, otros costados menos tenebrosos que este conflicto ha hecho reverdecer. Por ejemplo, la que está en un brete fenomenal es Natalia Oreiro, la actriz y cantante uruguaya radicada en la Argentina, quien es una estrella popular en Rusia desde hace 20 años cuando se estrenó allá la telenovela Muñeca Brava y fue un exitazo que generó una serie de presentaciones de Oreiro en Moscú y otras ciudades rusas donde ha ofrecido shows multitudinarios como cantante. Y ha ganado muy buena plata.
Desde octubre del año pasado Oreiro es también ciudadana rusa al igual que su hijo Merlín. Recibió la documentación en la embajada de Rusia en Buenos Aires.
Muchos se preguntaban cuál iba a ser la reacción de Oreiro ante la invasión de Putin a un país soberano como Ucrania. Ya hay memes en las redes sociales donde la presentan a la cantante uruguaya-argentina-rusa alentando a la soldadesca de Putin como si fuera Marylin Monroe con las tropas norteamericanas en Corea.
Oreiro ha acudido a la cautela y la diplomacia para tratar de salir del entuerto: ha publicado en sus historias de Instagram un dibujo de dos niños, uno vestido con los colores de la bandera rusa y otro con los de la enseña ucraniana, quienes alzan sus manos tratando de alcanzar el vuelo de dos palomas. El texto es brevísimo: "Queremos paz", escrito en español y en ruso.
La proactiva Nicolini
¿Y qué pensará ahora otra pro rusa, la asesora presidencial Cecilia Nicolini? Nos referimos a aquella funcionaria que viajaba a Moscú una vez por semana, como quien va al Delta, para activar el envío de vacunas Sputnik.
Nicolini se permitió mandarle una carta tajante a los responsables en Moscú de la vacuna rusa debido a las demoras en los envíos de las dosis. Esa carta reservada fue viralizada por algún integrante del mismo Gobierno para bajarle el copete a la dama.
En aquella misiva Nicolini exponía crudamente que el Gobierno de la Argentina se había expuesto más allá de lo aconsejable al jugarse por completo a favor de la vacuna rusa, en detrimento de los laboratorios norteamericanos, y que sin embargo sólo recibíamos excusas o silencio de parte de Moscú.
"Fuimos muy proactivos en encontrar soluciones a las dificultades que ustedes tenían" les facturó Nicolini a los funcionarios del Kremlin.
No es Nabokov
La otra artista argentina que supo conmover a los rusos -en la década de 1950, pleno comunismo- fue la cantante y actriz Lolita Torres, madre de Diego Torres y abuela de Angela Torres.
En 1954 Rusia compró en la Argentina, en el Festival de Mar del Plata, una serie de películas que debían tener dos condiciones: o bien tratar un tema social de denuncia, tipo Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril, o ser películas "blancas", sin sexo, pero con mucha música, como La edad del amor, con Lolita Torres.
Ese film "blanco" fue un exitazo en Rusia, país que compró toda la filmografía de la artista argentina. Eran los años en que había muerto Stalin, y la dictadura de la URSS empezaba a abrir algunas ventanas. Los tangos y las coplas españolas de Lolita Torres dejaron huella. Todavía faltaban más de 30 años para que cayera el Muro de Berlín y la "perestroika" hiciera un cimbronazo en Rusia.
Nada tenía que ver nuestra Lolita, actriz que no daba besos en la boca a los actores, con la novela Lolita de un ruso emigrado a los Estados Unidos, Vladimir Nabokov, que por aquellos años empezaba a hacer roncha entre la intelectualidad.
Cristina aportó lo suyo
Cristina Kirchner fue otra de las mujeres argentinas que pretendió hacer su propia invasión a Rusia. Pero fue bajo la forma de un acercamiento político a Moscú y a otras autocracias y dictaduras que eran la contracara de Estados Unidos y de las democracias europeas.
En sus dos presidencias, la viuda de Kirchner se empeñó en mostrar su apego a personajes como los Castro, Chávez, Putin, la dirigencia de China, los gobiernos de Irán, o de cualquier otro que navegara en la izquierda populista.
En la invasión y posterior anexión a Rusia de la península de Crimea que Putin hizo en 2014, Cristina saludó esa operación y sugirió que Crimea volvía a Rusia como las Islas Malvinas debían volver a la Argentina. Por estos días, la Guerra en Ucrania no ha motivado comentarios de la vicepresidenta.
Cuando Cristina visitó Rusia en 2014, Putin la esperaba con un presente que la sorprendió y emocionó: el original de una carta de José de San Martín a Bernardo O´Higgins. ¿Cómo consiguieron esto? le preguntó Cristina. Putin respondió: lo compramos en Nueva York a un coleccionista. Apenas el hecho se conoció, el Gobierno de Chile puso el grito en el cielo. Ese documento histórico había sido robado de un museo chileno unos años antes.




