Cristina se reperfila por la ausencia de Alberto

Salvo en las redes sociales, donde un sector del kirchnerismo está muy activo festejando el hecho de que Cristina Kirchner haya quedado a cargo de la presidencia de la Nación, el resto del país parece haber tomado ese traspaso de mando con bastante normalidad.

Alberto Fernández está en Israel  y Cristina sugiere que cuidará las formas. Veremos si se cumple, pero si es así, será bueno como señal política.

Para la militancia, el regreso temporario de Cristina al cargo principal del país es una reivindicación simbólica de su jefa, algo que sirve para engordar el relato.

Pero esta vez es la propia vicepresidenta la que sugiere que no utilizará esta ausencia presidencial para acentuar su protagonismo. No, por lo menos, en lo que eran sus maneras tradicionales. ¿Podrá sofrenar su naturaleza?

Guerras y afectos

Todo indica que su mente política está puesta en otras áreas, en particular en la "guerra jurídica" (a ella le gusta mencionarla como lawfare) que dice padecer de parte de los jueces federales porteños.

Los magistrados de los tribunales de la avenida Comodoro Py tienen a su cargo la mayoría de las causas por presuntos hechos de corrupción que la involucran a ella, a varios de sus principales funcionarios, y a empresarios favoritos que crecieron a la sombra de Néstor y de Cristina.

Pero, de manera particular, Cristina está muy afectada por el estado de salud de su hija Florencia, recluida en Cuba desde hace casi un año por un tratamiento médico. La vicepresidenta insiste en que a su hija la ha enfermado "la persecución de la Justicia" y la posibilidad de ir presa por el tema del supuesto lavado de dinero en los hoteles de la familia Kirchner.

Hora de guarecerse

Cristina sabe, en consecuencia, que éste no es, ni de lejos, el mejor momento político para exponerse. Los ojos del mundo, sobre todo los del mundo económico y financiero, están expectantes por los avatares de la renegociación de la deuda argentina. Los mercados y los inversores tienen la guardia levantada.

Una presencia de Cristina desmarcándose de la discreción política podría ser leída muy mal en los círculos de poder del exterior. Sobre todo porque su principal protegido político, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof, se debate ante la posibilidad de una cesación de pagos en la principal provincia argentina.

Si ello se produce, el remezón provocará ruidos en la paciente estructura político-financiera que Alberto Fernández y su ministro de Economía, Martín Guzmán, están preparando para presentar en el Congreso y luego ante el FMI. 

Me quedo en el Instituto

Salir, por ejemplo, a apoyar a Kicillof en estas circunstancias, o a hablar del "reperfilamiento" de la deuda nacional, no parece ser algo que esté en la mente de la ex mandataria.

Tan importante es la simbología para Cristina, que ha ratificado que durante la ausencia del presidente Alberto Fernández ella no pisará la Casa Rosada. Trabajará desde la sede del Instituto Patria, en las inmediaciones del Congreso nacional, donde tiene sus oficinas políticas. 

Que es como decir: con Alberto somos socios, los dos nos necesitamos, pero déjenme a mi moverme en mi territorio y a mi manera, reperfilada