Análisis y opinión

¿Por qué cree usted que en Noruega hay pocos pobres?

Cuenta Carlos Pagni que Alberto Fernández expresó hace poco en privado su deseo de que alguna vez  la Argentina se parezca a Finlandia o a Noruega. Ante esto, el columnista expuso un rápido chequeo de los números y las políticas de esas dos naciones e hizo una comparación con la Argentina. Hay un abismo.

Primero, aclaró el columnista, aquellas son repúblicas abiertas al mundo, ordenadas, austeras y con una historia milenaria. En cambio nosotros somos gastadores, imprevisibles, defaulteadores, cerrados, pero, claro, solo tenemos 200 años.

Islandia, acá nomás

Cuando a comienzos de los `70 yo había salido del secundario y quería ser peronista, algo que nunca logré porque en realidad lo mío era ser periodista, tuve la suerte de toparme con la obra de Borges.

Alguna gente progre y ciertos peronistas no veían con buenos ojos el talento de ese “viejo gorila”. Apenas me adentré en sus libros me llamó la atención el fuerte interés que Borges mostraba por las sagas de Islandia, historias que se remontan a los siglos X y XI y que componen las primeras obras literarias de ese país cuando recién se poblaba.

Hace poco en un reportaje que Leila Guerriero le hizo a María Kodama, en El País de Madrid, la viuda del escritor rescató el fervor con que Borges estudiaba esas sagas islandesas, y cómo ella, que era una jovencita, aprendió a amarlas, al igual que las historias de vikingos y otras mitologías, como las de Noruega.

Esa onda

La mayoría de esos países bálticos y escandinavos, y en general los del Norte de Europa, me llaman la atención no sólo por todo eso que dicen Pagni y Kodama, sino también por el muy buen nivel de su cinematografía y de sus series televisivas.

Netflix tiene un muy interesante muestrario de series noruegas, islandesas, suecas, finlandesas, dinamarquesas; y todas parten de un nivel alto en los rubros técnicos, en sus guiones o actuaciones, y, sobre todo en cómo captan la singularidad de sus gentes. Por ejemplo, los policiales de estos países se han convertido en nuevos clásicos del género, al igual que algunos de sus dramas.

No hay que olvidar que la Argentina fue uno de los primeros lugares del mundo que hizo un culto de las películas del sueco Ingmar Bergman.

Lo cierto es que, desde hace un tiempo y más en esta cuarentena, tiendo a desechar el menú “oficial” de Netflix y me voy derecho a su oferta de series y películas del norte de Europa y de Inglaterra, que está medio escondida.

Aquella Reforma

Uno de los detalles que nos diferencia de esa gente tiene que ver con el sedimento que han dejado sus religiones de protestantes o de cristianos muy singulares. Por ejemplo, en algunas de estas repúblicas los obispados están a cargo de mujeres. Baste ver la muy buena serie dinamarquesa Algo en qué creer para comprobarlo

 Como en esa zona europea hay varias monarquías republicanas, hay también iglesias que, al modo de Inglaterra, son como credos nacionales con mezclas de lo protestante y lo católico, muy singulares.

Lo cierto es que a diferencia de la cultura machista que impregna a la Iglesia Católica desde sus inicios hace 20 siglos, y que nos ha dejado esa exaltación del pobrismo y ese desprecio por el dinero, el progreso y las libertades civiles, la veta protestante en cambio, con sus pastores que se casan y tienen hijos, posee otra relación respecto del dinero, de la superación personal, de la libertad intelectual y de la política.

Ojo, esos pastores también son jodidos y los protestantes tienen sus buenos piojos. Pero ¿por qué cree usted que por aquellos lares hay tantas mujeres como primeras ministras o funcionarias de primer rango, o de que hayan realizado hasta ahora una gestión distintiva de la pandemia del coronavirus? ¿Por qué cree usted que tienen tan pocos pobres?

Los  escandinavos y bálticos son distintos porque tienen aún marcado a fuego los resabios de esa revolución de las ideas que le dejaron Lutero y otros reformistas que enfrentaron al Vaticano hace unos siglos y abrieron un nuevo cauce para la libertad de cultos.

Cambie el menú

Acérquese, si gusta, a series como Califato (Suecia), Nobel (Noruega), Los crímenes de Valhalla (Islandia), Algo en qué creer (Dinamarca), Trapped (Islandia) e incluso a series para un público juvenil como Rognarok (Noruega), entre tantas otras. Puede que sea una buena manera para interesarse más en esta gente tan distinta a nosotros.

Y que eso lo lleve a investigar por qué Alberto Fernández tiene la loca idea de que alguna vez la Argentina se parezca a Finlandia y Noruega, esos países en los que ningún político le va a exigir a una persona mayor de 70 que muestre un permiso del gobierno para poder salir a la calle.