Fernando Mario Simón nació en la maternidad del Hospital Español hace casi 48 años. Se recibió de abogado en la Universidad de Mendoza en 1996 y al año siguiente se incorporó al equipo de gobierno de Arturo Lafalla.
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Ser hijo de abogado, admite, le allanó bastante sus inicios en la profesión. Comenzó a militar en política "de a poco, casi por accidente", confiesa, y cuando se le pregunta por su futuro laboral contesta con una frase que habla de los planes y de Dios.
Acaban de cumplirse cinco años desde que este abogado peronista, ex legislador, divorciado, ahora en pareja y padre de 2 hijas, se convirtió en Fiscal de Estado de Mendoza.
Entre sus títulos de posgrado se destaca un Máster en Acción Política y Participación Ciudadana en el Estado de Derecho, otorgado en forma conjunta por la Universidad Francisco de Vitoria, adscrito a la Universidad Complutense de Madrid; la Universidad Rey Juan Carlos; Universidad José Hernández y el Colegio de Abogados de Madrid.
La vida nueva
Él también está en cuarentena. Hace varios años que fuma en pipa y ahora más que antes. Lee a Borges y Cortázar, y recién termina de ver la serie Un juego de caballeros sobre el origen del fútbol moderno.
Apasionado del Derecho Público, también hace teletrabajo -como se decía antes-, o home office, como se dice ahora. O sea, trabaja desde su casa como casi todo el plantel de la Fiscalía de Estado. Como una buena porción de la humanidad.
"Estamos haciendo de todo: seguimiento de juicios, recepción de denuncias, dictámenes y análisis de licitaciones", dice Simón.
-¿De cuánta gente habla?
-Fiscalía de Estado tiene, más o menos, un plantel de 120 personas. Hemos mantenido una guardia mínima y cuando se habilitó esta nueva prórroga de la cuarentena habilitamos, a través de una resolución, la recepción de denuncias por mail. Y ya recibimos algunas: hicimos los expedientes electrónicos y avanzan normalmente.
-¿Qué piensa acerca de lo que está pasando en Mendoza y el resto del mundo a raíz de la pandemia?
-Me llama la atención que esto haya sucedido tan rápido, sin tiempo de preparación ni adaptación. Recuerdo que el miércoles anterior al comienzo del aislamiento estábamos preparando el programa de clases para este año en la facultad (es docente en la Champagnat) y hablando de la posibilidad, a futuro, de hacer algunas clases en el ámbito de la virtualidad.




