Análisis y opinión

Con Boric parece resurgir el calificativo "progresista", que venía tan maltrecho

Gabriel Boric le viene escapando a ciertos lugares comunes del viejo izquierdismo, ése que hace rato que dejó de ser progresista

El chileno Gabriel Boric se parece al vecino gordito, de barba, que cualquiera de nosotros tiene en la otra cuadra. El que anda, por decir, en un Fiat Punto y que a veces nos cruzamos haciendo las compras. Tiene una cosa de familiaridad. Pero con los políticos nunca se sabe.

En la tarde-noche del domingo pasado (3 de abril) apenas llegado a la Argentina en misión oficial, y fuera del protocolo, este tipo se mandó a una librería del porteño barrio de Palermo (Eterna Cadencia) a mirar libros. Compró cinco, entre ellos uno de la escritora argentina Mariana Enríquez. Dice ser admirador de Las cosas que perdimos en el fuego, quizás el mejor libro de cuentos de esa autora.

El gordito de barba es el nuevo presidente de Chile y pese a su cargo, sigue sin usar corbata. Curte 36 años y es "de izquierda y progresista". ¡Cuánto hace que no escuchábamos el calificativo "progresista" sin desconfiar a priori!

Hasta ahora Boric le viene escapando a ciertos lugares comunes del viejo izquierdismo, ese que hace hace rato que dejó de ser progresista; pero, claro, es sabido es que los pingos se ven en la cancha. Habrá que esperar.

¡Qué boquita!

Este presidente chileno dice cosas como ésta (a Clarín antes de viajar a la Argentina): "En la izquierda tenemos que dejar de pensar que la responsabilidad fiscal es una cuestión de la derecha. La responsabilidad fiscal debe ser una política de Estado porque es lo que garantiza que uno pueda llevar adelante los procesos de reforma".

¿Alguien imagina un concepto similar en boca de Cristina, de Máximo Kirchner o de algún otro figurón del Kirchnerismo? Antes de decir una cosa así, se cortan la lengua. Sin embargo, es algo que se cae de maduro.

Una buena política fiscal, aquí y en la China comunista, trata de evitar el déficit fiscal, que es lo que se acumula cuando un país gasta más de los ingresos que obtiene. En esta Argentina populista somos los reyes del déficit fiscal. Una política alocada de ese tipo no puede producir otra cosa que inflación y desequilibrios; atraso y pobreza.

Para que no queden dudas, Boric viene prometiendo desde la campaña electoral que va a ser muy responsable con la política fiscal, lo cual "no tiene que ver con recortes de derechos sociales". Es más, está convencido de que para garantizar derechos sociales los países tienen que ir a un equilibrio fiscal. No hay otra forma.

Un fresco

"Como persona de izquierda reivindico eso y lo voy a defender", ha insistido por estos días, Y para que nadie crea que es un loquito, ha manifestado que no ha venido a socavar la democracia sino a enriquecerla y tampoco va a librar una guerra con el mercado: "Chile tiene que seguir abierta al mundo".

Muchos analistas entienden que lo de Boric pretende ser un nuevo tipo de liderazgo que busca rescatar aspectos de la izquierda tradicional y combinarlos con los logros de la socialdemocracia. Algo parecido a lo que se les admira a los países escandinavos.

La canciller chilena Antonia Urrejola ha dicho que han aprendido de los errores y aciertos de los gobiernos de izquierda en el mundo. "La mirada de Boric es fresca, sin estereotipos", remarcó. Veremos, dijo Lemos.

Boric llama la atención porque dice cosas que no son habituales. Por ejemplo: "yo soy el presidente de todos los chilenos, represento a un Estado, es decir que no puedo tener relaciones solamente con los países que tengan gobiernos de izquierda o afinidad ideológica con nosotros".

Y explica, por ejemplo, que espera tener las mejor integración con el presidente de Paraguay o con el actual presidente de Colombia, por citar a dos presidentes que son de derecha. "Somos un gobierno progresista que busca consensos y que quiere modificar las enormes desigualdades que ha dejado el sistema político neoliberal".

Sin secesión

Entiende que América Latina ha perdido la voz y retrocedido en el concierto internacional por la polarización y la fragmentación, y que necesitamos volver a tener presencia para que nos escuchen y poder hacer aportes. Asegura que atenderá el problema mapuche del sur del país, pero que será a base de diálogo, reconociendo que es un problema histórico y político, pero sin aceptar hechos violentos como presión y descartando de plano cualquier idea de secesión.

Boric mostró su pasta de dirigente desde la escuela secundaria y luego la profundizó en la Universidad donde estudió abogacía. La política lo llevó a ser legislador nacional, pero fue su liderazgo en la protesta social que arrancó en octubre de 2019 la que lo hizo conocido en todo el país y preparó el terreno para llegar a la postulación presidencial tras sortear elecciones internas dentro de la izquierda. En la primera vuelta perdió a manos del dirigente derechista José Katz, pero en el balotaje triunfó con el 56% de los votos.

Este chileno barbado, de lentes y algo rollizo, nacido y criado en la zona de Magallanes, bien al sur de Chile, afirma que tiene un cariño especial hacia la Argentina. Por la cercanía, sus padres solían viajar seguido a Rio Gallegos o Ushuaia, pero también a Rawson o Trelew donde tenían parientes e iban pasar las vacaciones.

Será interesante ver si puede sostener con el cuero lo que dice con la lengua. Y si le da para que el término "progresista" pueda dejar de usarse sin comillas cuando hablemos de la izquierda.