Los enchastres y pintarrajeadas de inmuebles particulares han pegado tal salto en cantidad en la ciudad de Mendoza que ya hay que empezar a preguntarse cómo habrán sido esas casas antes que las vandalizaran con esas marcas, firmas o rayones en los que sus autores creen dejar su toque distintivo ante el mundo.
Gente que debe ser más avispada que uno suele consentir estas acciones bajo el argumento de que las ciudades "respiran" a través de estas manifestaciones supuestamente antisistema. En Mendoza, creo, respiramos mejor gracias a los árboles.
Vaya usted a convencerlos con aquellas argumentaciones a los dueños de esas casas dañadas por la supuesta rebeldía de vándalos con aerosoles. Pero, además, ¿qué corno tienen que ver esos pobres vecinos para ligarse la hijoputez de estos "creativos" nocturnos?
Aclaro que no estoy hablando del arte callejero o art street o arte urbano de los buenos grafiteros, dibujantes o pintores, que en algunos casos hacen lo suyo de manera legal, esto es pactando con los propietarios de esas paredes a intervenir, y en otras de forma ilegal pero denotando ciertos talentos, un don del que carecen casi todos los "firmadores", "rayaneadores" o macaneadores que en Mendoza y en el mundo han sido y son.
Los vecinos que más padecen el avance de los nuevos malones del aerosol son los de las zonas residenciales que están en los alrededores de plazas y parques.
Por ejemplo, el entorno de plaza España ha sido bastardeado de tal manera que hay propietarios civilizados que ponen carteles donde les piden por favor a los imbéciles "firmadores" que dejen de arruinarles los frentes de sus casas porque les sale muy caro adecentarlos. Y, de paso, les sugieren, con todo respeto, que sean buenos y no les orinen los frentes tras hacer sus labores.
Usted posiblemente se esté preguntando por qué el Código de Convivencia, norma con la que la Ciudad de Mendoza fue pionera, no ha dado buenos resultados para desalentar estos despropósitos siendo que en otros rubros ha sido tan efectivo, por ejemplo al ordenar el caos que se producía con los cortes de calles que, por cualquier motivo y sin avisar de antemano, se habían tornado en un castigo para los mendocinos que desde toda la provincia llegan a su ciudad capital.
Otra de las características de los enchastradores es el ensañamiento. Por ejemplo empiezan a probar con un edificio de departamentos, vandalizan una parte, y después se largan como en malón, a cubrir lo más que puedan de sus entornos. Como si hubieran tomado una fortaleza "del sistema" y hubiese que denigrarla.
Insisto: no soy tan necio como para desconocer los fenómenos artísticos urbanos. Hay grafiteros muy buenos y otros geniales como Banksy.
Pero no es el caso del bando de los "firmadores", compuesto en su mayoría por "aerosoleros" de la clase media que juegan a ser unos rebeldes de puta madre cuando en realidad están (artísticamente hablando) haciendo palotes de salita de 4.





