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Chocobar: por fin hablará la Justicia

El caso Chocobar -el policía que mató a un delincuente- es abordado en esta nota de opinión por un abogado de Mendoza. La búsqueda de la verdad jurídica objetiva de lo acontecido

Una vez más, se ciernen en la opinión pública impresionantes miradas extremas y disonantes respecto a la solución que debe recaer sobre el "Caso Chocobar”. Es que la expresión de un sector, tan elocuente como preocupante recepta una inconmovible y contundente sentencia anticipada en cabeza del agente público, que se ordena bajo la teoría del “homicidio agravado por el abuso de autoridad”, analogándolo a los más aberrantes criminales de nuestra historia, instrumentalizándolo como muestra de resabios del exceso, la desmesura, y el autoritarismo policial setentista. Para él, el patíbulo; Y por otro, aquellos que defienden, aprueban y resaltan el despliegue de las acciones de “él policía”, como emulación de una gesta cuasi heroica, un hito o peñón fundacional, enrolado dentro de aquellas epopeyas que enmarcan el inicio de “la ingente, necesaria, legítima y justa lucha contra la inseguridad”. Para él, el bronce.

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Sobre una de las miradas, descansa el asesino impiadoso, que actuó por un impulso desmedido, al que sólo le cabe su lapidación junto al sistema policial que lo formó. Sobre la otra, la que exalta al héroe y servidor público que como tal resulta intocable, un hombre que advirtiendo que debía cumplir con su deber en una situación de extrema gravedad y ante la necesidad de ofrendar defensa y protección de la persona, sus intereses y los de terceros, emprende un despliegue de acciones urgentes, controladas, evaluadas y de riesgo, signadas bajo la absoluta seguridad de que las mismas estaban regidas por el dominio de su formación técnica, su pericia, su experiencia, tendiendo en definitiva a que su resultado, sea una clara demostración o significancia del más ajustado apego del llamado al cumplimiento del deber.

Tanto su criminalización mediática, como su absolución mediática anticipada, lo colocan contra un inconmovible muro cercano a la ceguera, alejado del gobierno de la razón, que priva a los acontecimientos, de la ofrenda de un análisis más profundo que en definitiva señale el inicio de un camino de posible conciliación entre estos dos extremos irracionales y antagónicos. Posición sin dudas más prudente y técnica, que pasional, que se erige cómo única línea de pensamiento de algunos que todavía aspiramos a que la inesperada y lamentable pérdida de una vida no sea con tanta liviandad inmisericordemente capitalizada como botín de guerra político partidario para los sectores que se lo pugnan.

Entonces, puede ser el momento de analizar con la profundidad científica y profesional más correcta, cuál es el grado de real preparación de las fuerzas de seguridad, del entrenamiento que reciben los cuerpos generales y especiales, de la provisión de insumos materiales y tecnológicos, de cuáles son los sistemas de capacitación, seguimiento y control con que se los asiste.

Saber respecto a la frecuencia de capacitación, perfeccionamiento, entrenamientos de tiro de precisión, estado de uso y conservación de armas, variedad de las mismas, utilización de armamento no letal, seguimiento y control respecto al estado “psico-físico-emocional” del personal etc., sin dudas aportará elementos objetivos para determinar por lo menos cómo se encuentran prestando servicios los miembros de nuestras fuerzas de seguridad.

Henos aquí una vez más ante la imperiosa necesidad de que sea la Justicia quien alejada del peso de estas pasiones y presiones tenga la última palabra. Serán esos tres jueces de la Nación quienes tendrán la responsabilidad de resolver el conflicto. Con seguridad el fallo no será definitivo, y lo más sano y republicano es que sea revisado por las instancias superiores.

En el medio, la deslegitimación de las instituciones públicas entre las que se encuentra este poder, torna todo más difícil y complejo. Pocas o tal vez ninguna voz se llamó al silencio ante la ausencia de datos e información concreta, sino todo lo contrario. El sector político dividido, volcó su postura precipitadamente agrandando la grieta, adoptando visiones intransigentes que poco suman, especulando con que a futuro obtengan una respuesta electoral positiva por haber endemoniado unos, y laureado otros, al hoy acusado. Sinceramente una locura.

Es la Justicia la que en estos momentos se debate sus horas más álgidas, es la justicia frente a los gobiernos, es la justicia frente a la sociedad, sociedad que la considera el último refugio, la última posibilidad de auxilio.

Será en un debate oral y público, donde tres magistrados oirán la acusación, valorarán las pruebas sustanciadas en las audiencias, que comprenderán declaraciones de la víctima del robo de su cámara fotográfica, de testigos oculares, de peritos y expertos que volcarán todos sus conocimientos técnicos para explicarles a las partes, al público y al tribunal el porqué de sus conclusiones respecto a alguna particularidad del hecho como auxiliares de la Justicia (como por ejemplo, si el/los disparos letal/es fueron dirigidos al piso, y si lo fue en forma intencional o accidental y bajo que circunstancias concomitantes, etc.), incluso si así lo desea, se oirá al imputado.

Finalmente, llegará la hora de que el acontecimiento histórico sea reconstruido. En la sentencia intentarán plasmar con la mayor aproximación técnica posible la verdad jurídico- objetiva de lo acontecido, concluyendo que es justo condenar o absolver…

Resalto entonces, el inconmensurable valor asignado a la Justicia, y a sus representantes, los jueces y los acusadores públicos, exaltando la trascendente importancia que tendrá para su legitimación, ir reduciendo paulatinamente el estado de duda o desconfianza que se ha instalado sobre su independencia, sobre su falta de preparación, sobre su falta de formación integral, sobre su actitud lábil o especulativa hacia los sectores de poder de turno.

Será eterna la intención del poder político y económico de lograr obtener su sumisión. Es hora de revalidar títulos. La pregunta es cómo resistir a esos embates, exhibirse fuera de la grieta puede ser una oportunidad.

Se ha dicho, que el ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, la búsqueda de la verdad jurídica objetiva. En la resolución del caso Chocobar implicará obligadamente que obren resolviendo con imparcialidad, tranquilidad, sabiduría, y sentido común, a lo que asumiendo una visión absolutamente personal, agrego “con el corazón”(con el permiso de recurrir al genio del autor francés), porque no hay nadie que no vea bien si no es con el corazón, porque lo esencial seguirá siendo siempre invisible a nuestros ojos, y el absurdo y abusivo apego a la ley escrita en algún caso, puede dar como resultado la más profunda de las injusticias…

Nota: el autor de esta nota de opinión es abogado. Ejerce la defensoría en la Justicia Federal. Ha participado y participa como defensor de imputados en los juicios de lesa humanidad. El policía Luis Chocobar es juzgado en los tribunales de Retiro por matar a uno de los ladrones que asaltaron y apuñalaron en La Boca a un turista estadounidense en diciembre de 2017.