No llores por nosotros, Argentina. Es que no pasa un día sin que te zampemos un sobresalto que te tira de traste.
¿Viste el sorpasso de este miércoles 15 de mayo? No me refiero a ese de la Corte Suprema intentando frenar el inicio del primer juicio por corrupción contra Cristina Kirchner. Lo de los supremos es heavy y políticamente maligno, pero yo me refiero a otro: al de Santa Evita.
Este es mucho más polenta que las tramoyas del jefe de la Corte, Ricardo Lorenzetti.
La propuesta
Escuchá, país: La CGT nacional ha comenzado los trámites ante el cardenal Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires, para lograr la beatificación de Eva Perón.
Beatificar es una de esas prerrogatitvas inventada por la Iglesia Católica para elevar a la categoría de beato (bienaventurado) a un difunto que ha hecho el bien en la vida terrenal o post mortem. Pero tiene que ser un personaje que haya estado muy vinculado a la Iglesia.
Es el paso previo a la santificación. Las virtudes del postulado deben ser previamente certificadas por los doctos de la Iglesia, en un trámite que dura años.
Atenti, chabones
Para evitarles que trabajen al cuete me gustaría recordarles, con humildad, que dicha beatificación a María Eva Duarte de Perón ya se realizó hace 50 años. Estuvo a cargo de dos papas, o popes, pero de otra iglesia: la del show business.
Los pontífices fueron los ingleses Andrew Lloyd Webber y Tim Rice. El primero compuso la música y el otro le dio vida a las letras de un musical u ópera rock que bautizada como Evita se convirtió en uno de los sucesos culturales del Siglo Veinte.
Vida y obra de Evita Perón fueron representadas en teatros de todo el mundo, la historia llegó al cine con Madonna como Evita, y la música y las letras de esta ópera contemporánea se siguen cantando a diario desde Tokio hasta Groenlandia.
Ríos de tinta se vertieron en diarios y libros por todo el mundo para referirse a este personaje netamente argentino que incluso superó en fuerza dramática al propio creador del peronismo: Juan Domingo Perón.
Ricardo Daer, secretario general de la CGT, explicó los motivos que los llevaron a pedir la beatificación, aprovechando que tenemos un Papa peronista, Jorge Bergoglio, y su hijo putativo y piquetero, Juan Grabois, quienes se encargarían, supuestamente, de darnos una manito.
La CGT de los milagros
El sindicalista Daer dijo con frescura que “Para mucha gente, Evita fue la imagen a la cual los humildes le pidieron algo. Inclusive ya fallecida, muchas veces la gente se acercaba y le pedía cosas a su imagen".
Cuando un periodista le preguntó si estaba acreditado algún milagro de Evita, el gremialista contestó que "hay una comisión de muchos jóvenes que están trabajando y recopilando datos". Conmovedor.
Los enemigos
Lo cierto es que la canonización secular de Evita es un fenómeno mundial desde mediados de los años 70 gracias a dos artistas ingleses que le dieron carnadura al mito, algo que acá no se podría haber hecho por las prevenciones que había contra los censores peronistas.
Pero también es global gracias a que Broadway, la mítica zona neoyorquina de teatros, fue la que convirtió a Evita en un éxito descomunal en el orbe.Y entre las Evitas que pasaron por allí se destaca el de la única argentina que interpretó a Evita en Broadway con notable éxito: Elena Roger.
Es decir que fueron ingleses y yankis los que le rindieron el mejor homenaje. Porque ambos nos presentaron una obra artística sobre un personaje real, con sus luces y sus sombras, con su ira y con su amor, con su odio y con su lucha, con su autoritarismo y con su cáncer.
Sin diminutivo
Muchos años después del boom de Evita, la actriz y cantante Nacha Guevara se animó a hacer una versión argentina del personaje y llamó a su musical Eva para sacarle el diminutivo. No estuvo mal, pero no tenía ni el aliento épico y la desfachatez del original de los ingleses.
Así es que, muchachos de la CGT, se han vuelto a equivocar con los tiempos y con los homenajes. Evita no necesita beatificaciones de una Iglesia con la que nunca terminó de cuajar.
Evita ya recibió de los buenos artistas (recordar la magnífica Santa Evita, del escritor Tomás Eloy Martínez), y de los buenos historiadores, los homenajes que se merecía. Y seguramente vendrán muchos más, muchos de ellos con visiones críticas.
Como requiere un personaje enervado y non sancto.


