¡Ah, nada como descostillarse de risa de Donald Trump! Sobran a diario los motivos para largarse a esa divertida tarea contra tal caballero troglodita, con perdón de los votantes norteamericanos que lo ungieron presidente.
Pero, claro, una cosa es que usted se ría de ese peligroso político en el living de su casa viéndolo por las redes sociales o la TV, y otra muy distinta es que la mandíbula batiente y las risotadas sean las de varias figuras de la política mundial reunidas en Londres por una cumbre de la OTAN.
Así los mostró un oportuno video de la cadena canadiense CBC donde el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el premier canadiense Justin Trudeau; el primer ministro holandés Mark Rutte; su par británico, Boris Johnson; y la princesa Ana de Inglaterra, muestran en sus rostros esa irrefutable picardía en la que se cae cuando se le está sacando el cuero a alguien.
Los que se agarraban la panza de tanta risa no eran ni chinos, ni rusos ni castristas cubanos, ni iraníes. No.
Veamos: Macrom es el líder de un partido del centro republicano francés. Desde hace meses, todos los sábados enfrenta a los chalecos amarillos que rompen los quinotos en París. El guarango de Trump había dicho por las redes sociales hace algunas semanas que la mujer del galo, la famosa Brigitte, era vieja y fea.
El primer ministro inglés Boris Johnson, es un deslenguado y un outsider político. Fogoneador del brexit que va a sacar a Inglaterra de la Unión Europea, simula ser una especie de Trump pero en versión dietética. Posee aún ciertos filtros que el norteamericano ha perdido por completo.
Trudeau, de Canadá, que habría sido el más chistoso en esa reunión en el Palacio de Buckingam, es un liberal progresista, muy dado a estar a tono con las nuevas tendencias sociales. Es medio farabute, le fascinan las cámaras y suele usar unas medias de colores chillones que le quedan para el traste. Trump le llama "el dos caras".
El holandés Rutte es un tipo de la derecha republicana, que siguiendo el teorema de Baglini, parecía más extremista antes en el llano de lo que muestra ahora como premier de los Países Bajos, que es como los holandeses dicen que hay que llamar a esa nación.
En cuanto a la princesa Ana de Inglaterra, otra que bien baila, basta decir que ha tenido desde siempre la habilidad de hacer lo que se le canta, pero haciendo como que respeta el protocolo de los Windsor. Es la única hija mujer de la reina Isabel II. En esta reunión de la OTAN Ana se negó a saludar a Trump y a su mujer Melania. El norteamericano le parece un berreta con plata. Con razón Ana se reía tanto junto a los políticos europeos en el Palacio de Buckingam.
Además de poner en vidriera el rechazo que Trump genera en el mundo, lo que muestra este video es que más allá de ser líderes mundiales, todos estos nombres tan importantes e influyentes que se defecan de risa son, en el fondo, seres de carne y hueso. Van de vientre, eructan, roncan, son vanidosos y la mayoría de ellos le entra al trago.
Sin embargo de una cosa estamos casi seguros: entre esos cinco que se reían de las ocurrencias de Trump quizás no lleguemos a conformar un especimen que tenga tanta maligna osadía y tanta guaranguería política como la del presidente norteamericano.
Este episodio, que ha generado tantas burlas, no hace más que ratificar el retraimiento político de Trump, máxime cuando en su propio país avanza el juicio político sobre tratativas espureas con Estados extranjeros, que podría concluir en su destitución.




