Hace unos meses llamé a un colega y le comenté que en mi recorrida por los diarios digitales españoles había descubierto a una dirigenta política que salía de la medianía. Le revelé quién era y me dijo: "Ah, sí, hace un tiempo que la vengo siguiendo. ¿Viste que tiene tonada de porteña de Recoleta?", me preguntó.
La tipa se llama Cayetana Alvarez de Toledo, tiene 45 años, es hija de una argentina que porta el apellido Peralta Ramos y de un francés con ascendientes españoles que (¡joder hombre!) curte títulos nobiliarios. Una antigualla que la ubica a ella misma como marquesa, lo cual da pie para que la agarren para el churrete en los mentideros políticos de la izquierda. Ella no lo esconde ni lo refriega, pero basta sentirla hablar para darse cuenta de que eso de marquesa se lo toma con soda.
Dice cosas que no saldrían de la boca de una marquesa tipo. Defiende el espíritu de la Ilustración francesa, asegura que la Transición española con sus pactos de la Moncloa donde la izquierda y la derecha fijaron un programa común para el país "es lo más extraordinario ocurrido en los últimos 500 años en España", y advierte de que a ese progreso lo están matando los nacionalismos separatistas más recalcitrantes, los que, vaya paradoja, son apoyados por una izquierda que ha perdido su matriz internacionalista y se ha vuelto populista.
Mina polenta
Es delgada, rubia, y se viste con esa elegancia sagaz de las que se sienten seguras. Habla con una tonada que mezcla, sí, a una porteña de la Recoleta con una madrileña, pero además con algún tic de barcelonesa y hasta podría hallársele algún lejano toque parisino.
Pero más allá de eso, se expresa con rotunda seguridad y demuestra que sabe de lo que habla, aunque se pueda discrepar de algunas cosas que dice. Sus debates en el parlamento la han mostrado como una hábil esgrimista.
Por ejemplo, las mujeres más fanáticas de la izquierda no le soportan que Cayetana afirme que "el feminismo actual es mojigato, vengativo, censor". Ni mucho menos que agregue "Yo no necesito sacerdotisas ni que ejerzan un maternalismo sobre mí".
"Soy una persona de los bordes, de las intersecciones, alguien que se sintió verdaderamente española cuando el país se dio la Constitución de 1978 tras la Transición. Ahí vi una España moderna, generosa, limpia", explica, para de inmediato contraponerlo "con la izquierda que hoy tenemos que es reaccionaria y que ha terminado aliada con el nacionalismo populista".
En el 2006 comenzaron sus pininos en política y rápidamente se hizo notar. En el 2015 hizo un impasse luego de una dura disputa con Mariano Rajoy, el líder del PP, y se dedicó al periodismo, para luego volver con todo en 2017.
De un hondazo
Por estos días Cayetana está en todos los títulos periodísticos de España por un fuerte revuelo que hay en el Partido Popular, del que es diputada por Barcelona y del que hasta el lunes 17 de agosto era la portavoz parlamentaria de su agrupación, cargo éste último del que fue echada por el presidente partidario, Pablo Casado.
Al parecer, Casado y otros barones (sin prosapia) del PP no soportaron el vuelo propio de esta mujer. Ella aún no ha decidido si mantendrá su banca de diputada, pero sí tiene en claro que está sufriendo una embestida por no querer pactar con los nacionalismos más reaccionarios. "Los españoles -dice- somos ciudadanos libres e iguales pero no somos colectivos ni tribus. El nacionalismo es una forma de tribalismo, es una vuelta atrás que anula la libertad de pensar y de criticar".
Cayetana opina que "la centro derecha debe ampliar su espacio tradicional y debe incorporar a personas que vengan de la socialdemocracia, a liberales, a conservadores, a la razón española". Insiste en que tanto el PP como los socialistas deben esforzarse por tirar hacia el centro "porque ahí está el espíritu de la Constitución".
La Messi
Nació en Madrid, pasó su primera infancia en Londres, llegó a la Argentina, a los 7 años (en medio del revuelo de Malvinas) y estuvo aquí hasta los 17, en que se fue a Oxford, donde se graduó en Historia. En 2001 se casó con el barcelonés Joaquín Güell, nieto del empresario Eusebi Güell que fue mecenas de Gaudí. Tuvieron dos hijas. Se separó en 2018.
En Buenos Aires fue alumna del Northlands Scholl y compañera de Máxima Zorreguieta, hoy reina de Holanda. Muchas veces cuando es presentada en público, se rescata de ella "su seductor acento argentino", una marca que también le ha servido para que fuera comparada como "La Messi de la política".
Quien hace unos cuantos años la comparó con Messi fue nada menos que Pablo Casado, titular del PP, el mismo que ahora la sacó rajando como vocera partidaria, creyendo que así eliminará la posibilidad de que esta marquesa singular le alborote el arco.
