La decadencia económica a la que ha llevado al país la gestión de Mauricio Macri conforma un ambiente soñado por la oposición que busca debilitarlo como candidato y sacarlo del gobierno en diciembre. Pero una derrota de Cambiemos no sería suficiente para los exfuncionarios procesados si el kirchnerismo no logra acceder al poder o al menos obtener garantías de impunidad de parte del creciente tercer espacio que se va fortaleciendo con Roberto Lavagna como referente.
Sumada a la cuestión económica, una estrategia clara del kirchnerismo es seguir instalando la idea de una justicia corrompida por el macrismo, asociada con una sórdida trama de espionaje, con la figura del impostor Marcelo D'Alessio a la cabeza, el fiscal de las "fotocopias", Carlos Stornelli, el juez que pide la prisión de Cristina, Claudio Bonadio, el periodista de Clarín, Daniel Santoro, legisladores oficialistas como Lilita Carrió, y quién sabe cuántos más, supuestamente bajo a las órdenes de Macri.
Según esta tesis, existiría todo un aparato paraestatal ejecutando un plan extorsivo contra Cristina y sus allegados, presionando con cárcel a testigos que terminan por decir lo que les piden para negociar su libertad o atenuar sus penas. Sería un método de negación del Estado de Derecho y de persecución para encarcelar a opositores determinados, así el kirchnerismo no vuelve al poder.
En consecuencia, las causas estarían inventadas y "casos aislados", como el de José López -el hombre de los bolsos del convento-, no tendrían nada que ver con un sistema corrupto de coimas pagadas por concesionarios de la obra pública y otros contratistas del Estado. Ese estado de cosas justificaría la expresión de Guillermo Moreno a la esposa de Julio De Vido de "que no canten los compañeros", parte del audio de la escucha telefónica divulgada esta semana.
Entonces, de un sistema extorsivo que llevó a Franco Macri a cometer delitos durante los gobiernos kirchneristas "para poder trabajar", según la impensada confesión presidencial, al invertirse la lógica debe interpretarse que es ahora cuando impera la extorsión bajo los dictados de Mauricio.
A confesión de parte…
"La plata era para la política, no para los políticos. Lo que hay que discutir es cómo se financia la política", terminó reconociendo la mujer de Julio De Vido, cuando se sintió acorralada por las preguntas periodísticas sobre el modus operandi durante la gestión del exministro de Planificación. En la entrevista con radio Nihuil, en el programa Medio Día, Alessandra Minnicelli afirmó que desde siempre los empresarios de la construcción cartelizados financian las campañas electorales y eso es lo que debería investigarse en la causa de los cuadernos de la corrupción.
Con tantas pistas y evidencias, con detalles escabrosos confesados por, entre otros "arrepentidos", el contador de los Kirchner, Víctor Manzanares, el sólo hecho de que puedan ser competitivos aquellos que han estafado al pueblo habla realmente mal del gobierno de Mauricio Macri. No por el accionar de la Justicia, sino por la situación que está atravesando la población con una inflación galopante y la creciente pérdida de puestos de trabajo.
Para los desencantados de Cambiemos, para los radicales que ya no quieren taparse la nariz, para los peronistas no kirchneristas y para los acomodaticios que nunca faltan, el espacio que se está aglutinando en torno de Lavagna se posiciona como una opción.
Aún hay que ver cómo cuaja el espacio emergente y qué rol ocupa cada precandidato en ese arco variopinto, que comprende nombres que van desde Massa a Tinelli, de Urtubey a Uñac, de Duhalde a Barrionuevo; y que pretende sumar a Martín Lousteau y a unos cuantos radicales díscolos. Una pila de nombres con ambiciones de llegar al poder aprovechando el desconcierto de un gobierno que fracasa y un cristinismo con alto nivel de rechazo.
Con la consigna de ponerse por encima de la grieta, y sin muchas definiciones más, Roberto Lavagna se ha convertido en la figura del momento. Hasta Macri ha levantado su nombre al criticarlo en la entrevista con Luis Majul y ante un millar de funcionarios del Pro.
Y si el Presidente admite estar "caliente" por las propuestas económicas supuestamente mágicas del ex ministro de Duhalde y de Néstor, cuánto más se justifica la calentura de la gente con la situación que está padeciendo por su gestión de gobierno. Ésa es la base sobre la que se está montando un escenario demasiado atestado de figuras y figurones.


