El presidente trata de tender un manto de estabilidad a la economía para llegar con chances a la elección. La ex busca zafar por este año de las causas judiciales para que el kirchnerismo llegue al poder, con ella a la cabeza o con alguien de su riñón.
Ambos tienen un núcleo duro de militantes que, sumado a simpatizantes, adherentes y afines, suman con esfuerzo casi la tercera parte del electorado cada uno. Por lo tanto, el saldo de la población que no optaría por ninguno de los dos es mayor, aunque muy disperso.
La oportunidad para hacer crecer una alternativa está, lo que no implica que sea sencilla una tarea de construcción política que se traduzca en opción electoral. Aun logrando una fórmula potable y una propuesta acorde a las expectativas populares, resultaría una misión impracticable aglutinar a todos los críticos de los polos opuestos que hasta ahora se vienen disputando el todo o nada.
Entonces, el desafío para cualquier alternativa política emergente es lograr un armado que sea capaz de sumar voluntades hasta de las supuestas bases electorales de Cambiemos y del kirchnerismo. Caso contrario, no alcanzaría ni para llegar al balotaje.
Muchos de quienes actualmente se inclinan por apoyar la reelección están enfocados sólo en que no vuelva Cristina, mientras que el crecimiento en las encuestas en favor de la expresidenta, en buena medida, está incentivado por el repudio a la gestión económica del gobierno de Macri.
Estas motivaciones permiten caracterizar a esta porción electoral como endeble y potencialmente volátil, porque lo que expresan es el rechazo furibundo a uno de los dos grandes protagonistas de la grieta.
Es ahí donde una tercera vía debe salir a buscar adherentes que le permita generar musculara para ambicionar un lugar preponderante en el proceso que se avecina.
La necesidad existe, el problema son los hombres. ¿Serán capaces los dirigentes del Peronismo Federal y de otras vertientes políticas de armonizar sus posiciones en aras de un proyecto que supere la ambición personal? ¿Podrán ensanchar la “avenida del medio” a base de propuestas proactivas sin caer en coqueteos con el kirchnerismo? ¿Lograrán esos nombres aportar sin egoísmos a liderazgos que entusiasmen por trayectoria y que puedan generar un consenso consistente?
Los Massa, Urtubey, Pichetto, Schiaretti, Stolbizer tienen por delante el desafío de ensamblarse en pos de ejes prioritarios y demostrar voluntad de asociación de cara a la sociedad para convertir el espacio en una propuesta competitiva sin morir antes de ver la luz.
Roberto Lavagna, un hombre que conservó el prestigio luego de encabezar la gestión económica de los gobiernos de Duhalde y de Néstor, hoy se muestra como una figura posible. El veterano ex ministro, que también fue parte del gabinete de Alfonsín, no quiere jugar una interna chiquita dentro de una parte del peronismo, sino encabezar un frente que exprese las ideas de diferentes vertientes políticas.
El tiempo dirá en esta cambiante Argentina si cuaja y es viable una experiencia de una coalición amplia, como la que él propone, que no se convierta en un rejunte de vanidosos y oportunistas, sino en una real opción electoral y con proyecto serio de gobierno.




