¡Ay, Juanito! o el costado opaco del Emérito

España tiene un gobierno de coalición (el Partido Socialista y los chavistas de Podemos) que no logra echar raíces. Además, esa nación no termina de salir de la pandemia de Covid que la ha zamarreado con saña. Sin embargo, nuestra "Madre Patria" (¿se acuerda de esa expresión cursi que nos repetían en la escuela?) tiene aspectos admirables.

Por ejemplo: los integrantes de la realeza de dicha monarquía republicana son tratados como ciudadanos comunes a la hora de tener que enfrentar a la Justicia. Nada que ver con lo que ocurre en algunas democracias sin reyes ni princesas en las que no faltan dirigentes que quieren transformar a la Justicia en un traje a medida.

Ya le pasó a uno de los yernos del hoy rey Emérito Juan Carlos y cuñado del actual soberano Felipe VI. Hablamos del bon vivant Iñaki Urdangarín, marido de la infanta Cristina de Borbón, que terminó condenado por haber utilizado entidades de bien público vinculadas a la Corona para hacer negocios turbios, en lo que se conoció como el Caso Nóos.

Urdangarín recibió una condena por corrupción de 5 años y 10 meses de prisión, de los cuales acaba de cumplir 24 meses entre rejas. La condena fue un fortísimo golpe para la familia real en especial para Felipe VI, pero no hubo tutía. En España el corrupto, sea un vip o un Juan de los Palotes, va preso. ¡Cómo no sacarse el sombrero!

Lo de Urdagarín obligó a que su mujer Cristina, hermana del Rey, fuera desvinculada de todo el protocolo real y se tuviera que ir a vivir a Suiza con sus niños. El condenado, un hombre pintón que había sido deportista y protagonistas de todas las revistas del corazón, pasó a prisión donde lleva dos años de encierro matizado con algunas salidas de fin de semana para hacer voluntariado.

¿Tú , también?

Juan Carlos de Borbón fue rey de España desde 1975 hasta 2014 pero tras abdicar y traspasar la Corona a su hijo Felipe, se ha visto envuelto en una serie de escándalos que han sacado a la luz el lado oscuro del personaje. Y no hablamos del rol de mujeriego empedernido que ya le conocíamos siendo rey, ya que estos son son rasgos, diríamos, más humanos.

Tampoco nos referimos a esos errores groseros de andar cazando animales junto a su amante en Africa, justo en estas épocas en que los animales parecen ser más importantes que los niños, sino de otros rubros que tienen que con ver con supuestos negocios al margen de la ley en los que habría habido plata sucia y lavado de dinero. ¡Ah, bueeeno! dirá usted.

Por la plata, baila el mono

Lo que se está empezando a investigar es una transferencia de 100 millones de dólares que autoridades de una potencia petrolera árabe habría hecho al entonces rey Juan Carlos (por vaya a saber qué favores) y que este habría compartido, en parte, con una de sus amantes, la alemana Corinna Larsen. Los dos abrieron cuentas en paraísos fiscales y evadieron todos los controles impositivos del Estado español.

¡Joder, Majestad, dónde quedaron el recato real, la nobleza monárquica y el peso de los apellidos!

¿Quién iba a decir que este Juan Carlos "versión garca" sea el mismo que defendió con inteligencia y pasión los ataques contra la democracia instaurada (al mismo tiempo que la monarquía republicana) tras la muerte de Franco.

El lado A

Todos los libros de historia europea reciente remarcan el preponderante protagonismo a favor de la democracia que el monarca cumplió en la fallida asonada militar del 23 de febrero de 1981, liderada por el payasesco teniente coronel Antonio Tejero quien asaltó a los tiros el Congreso de los Diputados en medio de una sesión.

Cómo aceptar que aquel Juan Carlos que asistía a las cumbres de presidentes iberoamericanos y las jerarquizaba, es el mismo que ahora anda en medio de todas estas tramoyas acusado de haberse quedado con plata malhabida, como si no tuviera dónde caerse muerto o dónde hacer sus cosillas.

Cómo no recordar aquella vez que en uno de esos debates presidenciales, ese rey Juan Carlos se salió de las casillas y tuvo un duro encontronazo con un insoportable Hugo Chávez que no paraba de parlotear con su verba hiperinflamada. ¿Por que no te callas? lo paró en seco el entonces prestigioso rey al hoy finado venezolano.

Hace casi un año, y previendo la tormenta, el rey Felipe VI ya lo había separado a su padre, de manera elegante, de todos los actos oficiales y del perfumado protocolo iniciando así el camino para el supuesto destierro que ahora se ha concretado con el Emérito saliendo a escondidas de España para irse, dicen, a una isla del Caribe donde lo apañaría un empresario del exilio cubano cuyas familias comunes se remontan a Alfonso XIII.

Sus abogados se han apresurado a aclarar que esto no es un ardid para burlar la Justicia puesto que la investigación está por iniciarse y aún no se ha generado ninguna acusación. La explicación del Emérito es no afectar con su presencia el accionar de su hijo Felipe VI con constantes dimes y diretes.

Impetérrita y firme como un roble, Sofía, la reina emérita, la que aguantó todas las perrerías de su marido y cumplió el contrato protocolar a pie juntillas, sigue en el palacio de la Zarzuela observando la caída y con el apoyo de los españoles. Ella no va a huir.

Los bolonquis familiares, sobre todo cuando hay plata de por medio, suelen ser terribles. Pero si la familia en cuestión tiene carnet de nobleza y prosapia de siglos, la cosa pasa a ser un "real despelote".