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Avísenle a Echarri y Dady que no harán los spots de la vacuna

Estudian utilizar a artistas e influencers dándose la vacuna rusa para convencernos de que todo está okey. Suponemos que no apelarán a la imagen de Dady Brieva pisando virus con el camión

¿Cuánto podría influir sobre los argentinos una campaña en la que conocidos artistas, deportistas o referentes sociales se coloquen públicamente la vacuna rusa (cuando ésta sea finalmente aprobada) como forma de aventar las dudas que generan las autoridades políticas de ese país que pasó del zarismo, al comunismo y de allí al putinismo?

La idea de usar a gente conocida para dar confianza sobre la vacuna rusa fue mencionada como factible por la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti, en el ciclo periodístico de Romina Manguel, por América TV.

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Este escriba entiende que dicho aporte podría ser poco eficiente. Es más: la idea podría llegar a ser muy negativa si se eligiese a un artista decididamente militante, tipo Pablo Echarri. Y ni hablar si tal tarea se le confiara a un desorbitado como Dady Brieva que se largaría a atropellar virus por la 9 de Julio

Rara mezcla

Las causas que llevan a las personas a apoyar o rechazar una acción de gobierno o a votar de tal o cual manera son de una gran complejidad, aunque también, muy precisas. Incluyen una mezcla de factores emocionales y racionales que se complementan de manera casi quirúrgica.

Los artistas metidos en política no dan, por lo general, buenos resultados. Que lo diga, si no, Marcelo Tinelli, que desde que es funcionario del gobierno nacional y dirigente de la AFA ha ingresado en una imparable espiral de desprestigio.

Los argentinos se van a colocar la vacuna rusa, primero que nada si cuenta con la aprobación de la comunidad científica internacional. Y segundo, si no es obligatoria. De nada servirá que Andrea Del Boca nos diga con cara angelical que pongamos confiados el bracito para el pinchazo. O que Maradona nos asegure que a los peronistas nada puede hacerles mal.

Las manchas

Las rasgos autoritarios de la administración del presidente Vladímir Putin, patentizados en la persecución a los opositores políticos mediante métodos violentos y cárcel, y de manera particular las denuncias sobre envenenamientos a disidentes, han puesto un manto de dudas sobre ese funcionario y su gobierno, una gestión que además sofoca la actividad de la prensa no oficialista. No es de los científicos rusos de los que se teme sino de sus autoridades políticas.

Repetimos: si la vacuna rusa es debidamente auditada por la ciencia y pasa con éxito los protocolos internacionales y si otros países coinciden con nosotros en su uso, seguramente no hará falta que Florencia Peña deje por un rato de mostrarnos su casa de Nordelta ni que archive sus chistes viejos sobre los penes "mecha corta" para que deba ocuparse de hacer spots sobre la vacuna de la ex URSS.

Otra cosa no menos inquietante que nos ha inoculado la funcionaria de Salud es que si los artistas son inapropiados, quizás se acuda a la colaboración de influencers mediáticos o a las redes sociales para que la población se convenza de que no hay peligro. ¿Se imaginan a Nati Jota, con la lengua afuera, o a la Cande Tinelli, con la nueva araña tatuada en la cara, alentándonos en sus stories de Instagram a darnos la rusa?