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Atención Alberto: como te ven te tratan

Con un mundo sumido en la pandemia, los problemas estructurales del país siguen pegando fuerte

Lo que tienen por delante el presidente Alberto Fernández y su gabinete es una trama plagada de complejidades sin resolución a la vista. Ante la ausencia de un plan articulado que se conozca, la economía se mueve al compás de la incertidumbre. Economistas de distintos frentes explican que el anuncio del acuerdo de precios y salarios es nada ante la disparada inflacionaria que aleja vertiginosamente la meta del 29 por ciento.

El drama de la inflación, que no para de empobrecer a la población, requiere una batería de múltiples medidas complementarias atento a la multicausalidad del problema que pone a la Argentina como una rara avis en el concierto de la naciones cuando la inflación está resuelta en el mundo.

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La base de todo se asienta en la política, no sólo porque desde allí emanan las decisiones económicas, sino porque las expectativas generales se nutren de la gestión general del gobierno y de cómo se visualiza la cohesión del equipo gubernamental que debe ser liderado por la autoridad máxima del Ejecutivo.

Una y otra vez el Presidente se ve desdibujado, tanto por la quietud o falta de iniciativa frente a los temas de fondo, como por los magullones que le va propinando el fuego amigo. En cada oportunidad que sale Alberto Fernández a embestir a la Corte y a los jueces federales que llevan causas de corrupción, se evidencia la presión interna que trata de descomprimir al menos declarativamente. Hace rato que se le animan, además de los opositores, dirigentes y militantes de su propia coalición con sueños revolucionarios frustrados a maltratarlo públicamente.

Nada de eso ayuda a la necesidad de un Gobierno que debe administrar un país con dramas urgentes. La buena voluntad gubernamental de convocar a los líderes sindicales con la promesa de que no habrá techo salarial choca con la realidad que le impone el contexto inflacionario. El sector empresario también ha concurrido a la convocatoria pero no está clara cuál será su contribución en la lógica de asegurar la rentabilidad. Y la Mesa de Enlace del campo se paró de manos ante las amenazas, pero se llevó la promesa presidencial de que no aplicará mayores retenciones. Con los encuentros, la paz social está asegurada por un tiempo, pero no resuelve por sí los problemas estructurales.

Desde el interior del Frente de Todos y desde fuera del Gobierno se escuchan voces críticas que recaen sobre el gabinete, en parte por una cuestión de jerarquía en algunos ministerios que no están dando la talla, pero también con la intención de copar el espacio de los "funcionarios que no funcionan" en la conducción del Estado.

El año electoral, todavía con un cronograma incierto, condiciona decisiones y anima acciones con el propósito de amortiguar el golpe, atento al descontento creciente de la población. Los recursos que llegan al conurbano bonaerense responden a esa estrategia, y los cambios que se aplicarán en el impuesto a las ganancias aliviarán en parte los bolsillos de la clase media. Se espera que el consumo, que ya cayó 5.1 por ciento en el primer mes del año, según la consultora Focus Market, comience a repuntar en parte con la mejora del poder adquisitivo.

Cambio de estrategia

Ya el Gobierno está jugado por la apertura de la economía después de la experiencia restrictiva de 2020 con magros resultados en materia sanitaria. Al clamor mayoritario de la sociedad por el regreso a las escuelas, Fernández le está respondiendo positivamente respaldado en la estrategia por el Consejo Federal de Educación y el Consejo de rectores (CIN). Todos han quedado alineados en la voluntad de experimentar en la educación presencial combinada con la virtual, mientras la situación sanitaria no sea desbordada.

La vacunación masiva que implica un escudo protector para volver a clases y recuperar la normalidad viene muy demorada. Queda en evidencia que tanto ruido con el tema desde las esferas oficiales ha sido en vano, si se considera que los millones de dosis prometidas se convirtieron en un puñado de miles, mientras observamos el vértigo con que avanzan las campañas en otros países emergentes como Chile.

El país trasandino caracterizado por un sistema de salud caro y excluyente, está logrando, sin embargo, dar cobertura a su población con la expectativa de tener vacunado para junio al 25 por ciento de los habitantes. La imagen de Sebastián Piñera ha empezado a subir luego de tocar fondo a raíz de los estallidos y masivas protestas en reclamo de un cambio en el status quo.

También sabe el gobierno argentino que en estos tiempos electorales las vacunas tienen el potencial de traducirse en votos pero, a juzgar por la lentitud de la campaña, el gobierno de Fernández no estaría capitalizando un mejor aspecto en la lucha contra la pandemia. En el campo sanitario los anuncios contrastan notoriamente con los hechos concretos, y acelarar el ingreso de vacunas se ha convertido en lo prioritario.

Con la insistencia en los últimos días de Alberto Fernández sobre la supuesta urgencia de cambiar la Justicia, se vislumbra su necesidad de congraciarse con el núcleo cristinista de la coalición que lo llevó a la Presidencia. Fidelizar a los suyos es clave en un año electoral, aunque quizás no alcance para que el oficialismo salga airoso frente a una oposición con dirigentes por ahora más revueltos que juntos.

Los problemas del país están a la vista, claro que el paso del tiempo, sin que haya una reacción efectiva de Alberto Fernández, se devora las soluciones a los temas verdaderamente urgentes.