Todos estamos bastante atormentados. Unos más desesperados que otros, según urgencias, compromisos y necesidades. Desde el que no llega a fin de mes, el que tiene poco para comer, la pyme que pugna por subsistir, el asalariado que pide un poquito más, el que aprieta la mandíbula, hasta el que no sabe para dónde disparar.
Después están los políticos expectantes sobre cómo jugará la crisis en medio del proceso electoral. Vemos entre los opositores a quienes pegan duro con razón, y a otros que piensan que cuanto peor es mejor.
También observamos a obsecados del oficialismo que insisten con el rumbo porque aseguran que el camino es por acá, y a otros dirigentes de Cambiemos, principalmente del radicalismo, que proponen alguna opción para atemperar la malaria.
Mientras tanto, la etapa electoral muestra las miserias políticas de manera descarnada. Es el tiempo en que se elaboran discursos meditados para la tribuna y muy poco para el país. Los Durán Barba, las redes, los trolls, las operaciones, los gurúes del mercado están en su salsa. Basta con escuchar un poco a los profetas económicos que le ponen fecha a un presunto inevitable default.
Ganadores y perdedores
En un mercado concentrado, cartelizado, sin competencia y sin oferta suficiente el consumidor queda entrampado en los precios que son impuestos por un puñado de empresas con posición dominante. A las múltiples causas que provocan la inflación, de raíz política, monetaria, cambiaria, cultural, especulativa e histórica, hay que agregarles las derivadas del accionar de los formadores de precios.
La inversión es escasa, la oferta en ciertos rubros es deficitaria, y unos pocos siguen manejando bajo presión los precios de la cadena. En el sector de los alimentos es evidente el faltante de algunos productos, ya sea por fabricación insuficiente, por razones estacionales o por mera especulación para manipular los márgenes de rentabilidad, desalentando o promoviendo artículos, ofertas y marcas.
Uno de los referentes de la comercialización, y dueño de Maxiconsumo, Víctor Fera, vociferó en el programa "Medio Día" (radio Nihuil) que es imperioso sancionar una ley de Góndolas. Una norma de este tipo podría regular una competencia equitativa al garantizar la presencia de diversos productos y marcas, de distintas compañías, al alcance del consumidor para que pueda ejercer el poder de decisión en sus compras.
La idea es que los supermercados estén obligados a exhibir artículos de al menos cinco proveedores por rubro, y que ninguno pueda acaparar más del 30 por ciento del espacio de la góndola. En la entrevista, el "maxicomerciante" denunció que la norma no se ha aprobado todavía por intereses que favorecen a compañías como Molinos, que manejan la comercialización y los precios, y a amigos de quienes gobiernan el pais.
Además, el dueño de una de las cadenas comerciales nacionales, puntualizó que los grandes compran pymes para cerrarlas y quedarse con el monopolio en el rubro. "La corrupción que hubo en la obra pública equivale a un cuarto comparado con los sobreprecios en los alimentos", remató Víctor Fera.
Controlar, congelar o acordar
Mientras los bolsillos están cada vez más menguados, todos hablamos de la inflación. El Gobierno, ocupado en el asunto del préstamo del Fondo, la tasa de interés y la cotización del dólar, tuvo que tomar nota del nerviosismo de la calle y de la preocupación creciente de los gobernadores de Cambiemos.
Así se gestó la integración del radicalismo al análisis de una vía para atemperar el impacto de la inflación y la caída de la imagen presidencial que arrastra a todos los candidatos oficialistas.
Los anuncios, que contienen aportes de Alfredo Cornejo secundado por su delfín Lisando Nieri, buscan tonificar el consumo a través de algunas líneas crediticias, y de la morigeración de los aumentos mediante una canasta de artículos de primera necesidad que deberían estar por debajo del ritmo de la inflación general.
Al borde de la desesperación, no faltan propuestas de congelamiento que soslayan experiencias fracasadas, porque tales imposiciones garantizan desabastecimiento o acopios, pero no contienen las subas. Por eso el gobernador mendocino se apuró a precisar que se está apuntando a acuerdos de precios, no al congelamiento.
Está claro que no se puede dejar todo librado al imperio del mercado con un perfil oligopólico y cartelizado, porque se incentiva una transferencia del ingreso al capital concentrado. El Estado sí debe cumplir su rol de fiscalizador e intervenir con todas las herramientas normativas para dar señales de que no debe haber ganancia de pescadores en el río revuelto.
Complementando una macroeconomía que necesariamente debe estabilizar, el Gobierno no puede desentenderse del problema mirando como si nada. Tendrá que pensar estratégicamente en los resortes que impactan en el costo de vida, como las tarifas, los combustibles, la formación de precios, la estructura de costos, los márgenes en determinados rubros.
La lucha contra la inflación es de muy largo plazo, pero también del día a día. Por favor, alguna medicina, aunque sea en pequeñas dosis, para nuestros pobres bolsillos.

