Con un discurso encendido, improvisado en varios tramos, en un ambiente enardecido por los gritos de legisladores de la oposición, y sin la presencia de la senadora Cristina Fernández, el presidente Macri abrió las sesiones del Congreso.
En este año electoral, el último de su mandato, también quedó claro cuál será el tono de la campaña, que tendrá como estrategia del macrismo polarizar a fondo con el cristinismo.
El tono vehemente del presidente, incluso abandonando el libreto cual discurso de un acto partidario, mostró una faceta más provocativa que la que acostumbra expresar, lo que da a entender su decisión de jugar muy fuerte comunicacionalmente en la etapa final de su gobierno.
Así, respondió a una diputrucha y otras voces kirchneristas que le gritaban desde las bancas, que "los insultos que le proferían hablaban más de ellos que de él".
En cuanto al contenido, un anuncio concreto: subirá 46 por ciento la asignación universal por hijo desde marzo, que tiene cuatro millones de beneficiarios. Con esto, junto a la medida de esta semana de destinar cien mil millones de pesos en créditos subsidiados a las pymes, el gobierno busca aliviar el impacto de la recesión brutal que arrancó en abril del año pasado y que nadie sabe cuándo termina.
"Estamos mejor que en 2015", dijo Macri arengando a la oposición para encuadrar todo un texto que basó en contrastar su gestión con el peor costado del kirchnerismo. Entonces atacó por el lado de la corrupción, la impunidad, la manipulación de los medios oficiales, la alianza con Maduro, el encubrimiento a Irán por el atentado a la Amia, el despilfarro de recursos del Estado, el cepo a la economía, la mentira del Indec, entre otras calamidades.
Habló también del combate a las mafias y, cuando los insultos iban in crescendo, les espetó que estaba allí porque lo votó la gente. "Que cada quién diga a quién quiere proteger", remató para los que se oponen a la Ley de Extinción de Dominio .
En otro tramo, Macri hizo alarde del apoyo internacional, de la organización de la cumbre del G20, del proceso de cambio estructural, del país que viene, de las exportaciones, de la inteligencia artificial, de la "Argentina año verde"...
Reconoció el aumento de la pobreza en 2018, pero otra vez al enumerar las causas metió el tema de los cuadernos de la corrupción, que golpea a Cristina y a los gobiernos kirchneristas.
Macri mostró toda una serie de indicadores en materia de inversión social, infraestructura básica, e inseguridad, pero en ningún momento abordó los errores de su gobierno, además de los efectos externos, para llegar a estos niveles de caída de la economía y de aumento de la pobreza.
Puso todo el énfasis que pudo en sostener que están las bases para el cambio, y para aventurar un mundo mejor. El problema es cómo cree luego de más de tres años gobernando que puede convencer a una sociedad que hoy vive una realidad tan acuciante, de que se puede pegar un salto tan grande, mucho más ancho que la grieta que separa al oficialismo de la parte más cuantiosa de la oposición.
Para rematar su intervención, y en medio de un griterío como si se tratase de los barrabravas de un River-Boca, propuso tener esperanza frente a los predicadores de la resignación y del miedo. Fue la última estocada presidencial a los kirchneristas enardecidos presentes en el recinto.
Así concluyó el triste espectáculo de los políticos que nos representan en un ámbito institucional que se supone es emblema de democracia, con actores privilegiados, a los que la penuria de la pobreza no los roza ni por asomo.

