Me causó gracia una frase que Axel Kicillof dejó por esta horas en Mendoza. El exministro de Cristina, recordado devaluador, negador de pobres y escondedor de índices inflacionarios, definió a Anabel Fernández Sagasti, la candidata a gobernadora por el kirchnerismo, a la que vino a apalancar, como "un gran refresco para la provincia".
¿Qué quiso decir? ¿Que es una mujer gaseosa a la que en cualquier momento se le va el fluído y queda chirle? ¿Que es sólo para un aperitivo, pero que el gran vino del terroir lo van a representar otros candidatos? Como concepto, confuso, Axel.
En su exposición debió haber hecho más hincapié en las virtudes de Anabel como "cuadro" político, como le fascina definirla a Cristina, pero en cambio dedicó la mayor parte de su espiche para hablar pestes de Alfredo Cornejo, de quien dijo que está tan necesitado de apoyos en Cambiemos que "en cualquier momento viene a buscarnos a nosotros".
Los ínclitos antecesores
Kicillof aseguró efusivo que Cornejo "nunca defendió a los mendocinos" de las políticas del presidente Macri, "del que fue su principal aliado y aplaudidor".
Los mendocinos conocemos, aunque sea en parte, el talante áspero y poco afecto a la doma de Cornejo lo que nos permite poner en duda la definición del visitante.
Los nacidos y criados en Mendoza sabemos que si aquí alguna vez hubo aliados grotescos del poder central esos fueron los dos gobernadores kirchneristas que precedieron a Cornejo, los nunca bien ponderados Celso Jaque y Paco Pérez.
Si Kicillof tiene buena memoria, recordará que cuando él fue ministro de Economía de Cristina Kirchner, dicha presidenta se permitió humillar y denigrar al gobernador Paco Pérez, jujeño, pero afincado en Mendoza, al que trataba como un pelele.
Tales eran los despropósitos de Cristina que una vez, en un acto que se hacía en Lavalle, Mendoza, y que transmitía al país la cadena feliz de radio y TV, la entonces presidenta, molesta por cierta torpeza de Pérez, ordenó que las cámaras no registraran nunca al gobernador de Mendoza. Y así se hizo.
Los rasos
Esas relaciones subalternas son algo que les molesta sobremanera a los mendocinos. Pérez siempre se sintió más un soldado (raso) de la mandataria que un gobernador de todos los mendocinos.
¿Y Jaque, Axel? El malargüino recitaba en su campaña: "A Cristina siempre le voy a decir, primero Mendoza". Pero nunca le dijo tal cosa.
No se animó, se hizo en las patas, porque de entrada le bajaron el copete, de la misma manera vil que le bajaron el copete al entonces vicepresidente Daniel Scioli y a tantos otros que en lugar de respeto sentían cagazo ante la Dama.
Jaque no sólo fue un aplaudidor desatado del matrimonio Kirchner, sino que él mismo instaló en la provincia a una corte de aplaudidores para que lo vivaran en los actos.
Esa costumbre malsana fue inaugurada en la Fiesta de la Vendimia de marzo de 2008, a tres meses de asumir, cuando los mendocinos ya se habían percatado de que eran una sonora mentira las promesas del mapa del delito y de la caída abrupta de los índices delictuales.
Unos y otros
"Cornejo es la ausencia absoluta en temas económicos", opinó Kicillof ante la sonrisa pícara de la "fresca" Anabel quien, en cambio, fue reseñada por el caballero como una gestionadora al nivel de una estadista, poco menos que una Thatcher de hierro, pero nacional y popular.
En realidad el único "fresco" en esta presentación política terminó siendo Kicillof, quien se olvidó de poner en valor cuánto tiempo de gestión debió invertir Cornejo para arreglar el desquicio económico, financiero y social que dejaron en la provincia los dos gobernadores kirchneristas ya aludidos.


