Alguien tenía que decirlo: tener perros es decadente

No tengo perro. Los tuve durante más de 20 años por pedido de mis hijas. Cuando se murió el Tomy, al que le daban convulsiones y quedaba duro durante un rato con las patas para arriba, dolencia para la cual todos los días tomaba medicación que le comprábamos religiosamente, decidimos con mi mujer que nuestra etapa de cuidadores de perros había terminado.

No me gustan los perros dentro de la casa, decía yo. Su lugar es la cochera o el patio, agregaba. Sí, Juan. Esperate sentado. Por decisión de mis hijas los perros que tuvimos vivían clandestinamente dentro de la casa, dormían con ellas en su habitación y se solazaban en los sillones del living que me salieron un ojo de la cara en El Guipur.

Pero cuando había que limpiar o desinfectar, la tarea corría por cuenta de mi mujer o mía. A las chicas les daba asco. La tradición perrera la han continuado mis nietas. Cuando voy a visitarlas, a sus perros los trato de usted para mantener la distancia.

A pesar de ya no tener canes, por lo menos dos veces a la semana, y pala en mano, tengo que dedicarme a sacar la caca que los perros del barrio depositan en el acceso a mi casa o en el jardincito. Sus dueños dan por naturalizado que "alguien" se tiene que ocupar de las deposiciones de sus bichos. ¡Ah, nada como las delicias comunitarias!

El gordo Kim

El líder comunista de Corea del Norte, Kim Jong-un, ese gordito que uno lo ve y parece inofensivo, pero que es un dictadorzuelo temible, ha decretado que los perros son un símbolo insoportable de "las costumbres burguesas" que hay que desarraigar de su país. Y que tener un can en la casa como mascota es "parte de la decadencia capitalista".

Las autoridades policiales de Corea del Norte se han dado a la tarea de identificar las casas con perros para luego pasar a buscarlos, confiscarlos y sacrificarlos. ¿Le suena ese tipo de operativos? .

Dichas crónicas dan cuenta de que esos animales confiscados podrían estar siendo utilizados para paliar el déficit de alimentos que la dictadura de Kim Jon-un enfrenta a raíz de los embargos comerciales de las potencias con gobiernos democráticos.

Es que Kim no sólo se ocupa de ningunear a los chocos, sino que fabrica armas nucleares y no es muy amigo de aceptar controles internacionales.

Para entender mejor esta situación hay que aclarar que tanto en Corea del Norte como en otros países asiáticos el consumo de perros es algo que suele ser habitual, y en algunos lugares se lo considera un manjar.

Gente rara (no como uno)

Los derechos humanos y los derechos de los animales no figuran en ningún top ten de preocupaciones gubernamentales de ese alocado paraíso comunista. Ahora la radicalización del régimen quiere terminar con "el relajamiento" del que hacen gala muchos coreanos al pavonearse con perros pitucos.

En Pyongyang, capital de la satrapía coreana, y en otras ciudades de esa nación, hay restoranes que se especializan en carne de perro, así como nuestras parrilladas lo hacen con la carne vacuna. Y en el interior del país hay granjas dedicadas a engordar perros con fines similares.

Pero para esa dictadura una cosa es establecer a los perros como alimento y otra muy distinta es usarlos como "signo de distinción burguesa o capitalista", algo que saca de quicio al rubicundo Kim. Sin embargo los que conocen el paño afirman que son los propios funcionarios del régimen y los militares de alta graduación los que más se desviven por tener perros de raza.

Está visto que aquello que socava a muchas revoluciones y las lleva a la implosión es esa tonta insistencia en querer borrar o ignorar aspectos esenciales de la condición humana. Y lo digo a cara de perro.