"Daniel, ¿en qué te han convertido?", le preguntó alguna vez Alberto Fernández al entonces gobernador Scioli, dando a entender que los kirchner lo habían rebajado a ser un pelele político.
La vida, pequeña y jodida como es, suele devolvernos las mismas preguntas altisonantes con las que a veces intentamos cantarle las cuarenta a alguien.
Alberto Fernández, quien desde el hospital Otamendi definió su estado de salud de "espléndido", es precandidato no sólo a presidente de la Nación sino a que le enrostren en el mediano plazo la misma pregunta aleccionadora que él le zampó, y con razón, a Scioli.
La ruptura
Un mes antes de que en julio de 2008 renunciara a su cargo de Jefe de Gabinete de Cristina, un coágulo le afectó el pulmón, y ese fue uno de los motivos para no bancar más a la dama.
Alberto atribuyó aquella afección a una baja de defensas y al estrés por la guerra contra los productores del campo, una movida política que Cristina perdió en todos los frentes aquel año, y que incluyó la ruptura política con su vicepresidente, el mendocino Julio Cobos, a quien ella había ignorado olímpicamente.
Yo, rajo
Su rol en el gobierno de Cristina fue casi un calvario. A diferencia de los cuatro años y medio en que Alberto acompañó a Nèstor Kirchner como jefe de Gabinete, con Cristina nunca hubo feeling.
Néstor y él eran dos pícaros audaces. Alberto se reservaba el papel del cerebral; y Néstor, el del hacedor y de macho alfa.
Cada uno conocía al dedillo el registro del otro, con la diferencia que el santacruceño no le hacía hocicar las estrellas del uniforme presidencial. Cristina, en cambio, siempre, desde el primer día, intentó con él un camino tortuoso, no exento, claro, de sus conocidos intentos de humillar.
El trombo
Ahora, al ser dado de alta en el sanatorio y enfrentar a los periodistas, Alberto recordó aquel episodio pulmonar de 2008 con un "yo tuve un trombo en el pulmón hace un tiempo" para -de inmediato- lanzar una bravata bien peronista contra la jefa del FMI, Christine Lagarde, como para decir: aquí estoy sano y salvo para defender al pueblo desde mi piso de Puerto Madero.
Alberto es desde hace algo más de 15 días el precandidato presidencial de Cristina. Nótese que no digo del kirchnerismo ni mucho menos del peronismo republicano. Si ni siquiera ha logrado cerrar nada con Sergio Massa.
La enorme cantidad de material periodístico que existe sobre las opiniones críticas que Alberto Fernández lanzó en los últimos años sobre Cristina, incluídas las variadas veces en que aseguró que no había aspectos del segundo mandato presidencial de CFK que se pudiera salvar, seguramente servirán para que Alberto reciba en el futuro, y casi a diario, preguntas como las que él le hizo a Daniel Scioli.
El ex motonauta es hoy una especie de fantasma político.
¿En qué se convertirá Alberto Fernández de la mano de Cristina?
¿En el político espléndido que él imagina? ¿O en el de la tos seca dificultado de respirar bien?




