Alberto y Cornejo: ganas de comer y hambre

Son como el hambre y las ganas de comer. Alfredo Cornejo y Alberto Fernández tienen la lengua al salto. Portan ese gen del compadrito suburbano, es decir que están siempre prestos al facón verbal, al que han atemperado con esa pátina que les ha dejado la universidad pero, sobre todo, el trasiego cotidiano de la política de los últimos 30 años.

Ambos se han dado cuenta que se necesitan con fruición para mantener vivo el club de la pelea. No aquél de Brad Pitt sino el de la cotidianidad política en un país encabronadamente jodido como la Argentina.

Tienen en claro que van a tener que subir varias veces al ring en los cuatro años por venir. Ninguno le hace asco a la diatriba. Son como una versión actual y, claro, más civilizada y estudiada que la de los antiguos payadores, de los que, avispados como son, rescatan la habilidad para el picudeo animoso.

"El petiso", así lo mentan en Mendoza los de su barra, es bravo, aunque con los años ha logrado pelear con método. Ahora ha aprendido a diferenciar qué peleas son pura táctica del momento y cuáles tienen la estatura de una estrategia política.

Por ahí no puede con su genio y manda a la mierda a algún operador travestido de periodista. Son detalles a cuidar que tal vez los podría sortear con un mayor cultivo del humor.

Los dos se estudian

Alberto lo está probando a Cornejo como contendiente de la oposición. No le disgustaría tenerlo como alter ego para la batalla dialéctica. Sabe que al exgobernador y hoy diputado nacional y presidente de la UCR no hace falta llegar al mojado de oreja para que reaccione.

Se agrandan porque saben cómo montar el juego político en circunstancias como éstas.

Por eso es que vienen tan filosos los picoteos de las últimas horas entre Alfredo Cornejo y Alberto Fernández. Ahora es por la deuda en dólares de esta provincia y la del gobierno nacional, pero mañana y pasado sobrarán temas para seguir batallando en el ríspido costado económico, o en ese otro filón, el de la política, que es más ameno de transitar.

Los horizontales

Desde que Cornejo empezó a hablar -hace varios meses- de que la oposición a un gobierno de Alberto y Cristina debía quedar en manos de un colegiado de figuras de Cambiemos, y no en la exclusiva figura de un devaluado Mauricio Macri como jefe opositor, no fueron pocos los que se preguntaron qué se traía el mendocino bajo el poncho.

La versión oficial que dio Cornejo fue que éste era el momento para jerarquizar el rol opositor de la coalición Cambiemos en su conjunto y que dejarla sólo en manos de Macri iba a volver a ser un error ya que se la iban a terminar guionando los Marcos Peña o los Durán Barba.

Alberto ha entendido rápido la movida. La ha cazado al vuelo y se ha dicho para sí: a este tipo lo necesito, tenemos demasiados puntos coincidentes para pelear. Lo voy a probar.

De allí los dardos que le lanzó hacia donde más le dolió al mendocino, esto es, los números de una provincia que Cornejo recibió en estado de desquicio de manos de un peronista que nadie defiende: Paco Pérez.

Damas y caballeros: dicho esto, les ofrezco que alquilen, entonces, sus balcones. Los players están preparados, el ring debidamente iluminado y, enhiestas, ambas lenguas.