Análisis y opinión

¡Ah, nada como ser un legislador díscolo y andar por el mundo lo más fresco, como Marley!

Diputados con más vocación de turistas que de representantes del pueblo han vuelto a poner en la picota la actividad legislativa

Diciembre es el mes en que los legisladores nacionales generan la sensación de que trabajan. Hacen esas sesiones maratónicas que duran dos días y una noche para aprobar a las apuradas el Presupuesto o alguna otra ley que haya que sacar con fórceps.

También es el momento para que el oficialismo de turno intente colar a último momento, y de contrabando, artículos del Presupuesto que no han sido consensuados con nadie y que tienen que ver, sobre todo, con movimientos non sanctos de partidas de dinero.

Lo común es que sean los poderes ejecutivos los que propician esas situaciones. Tienen la sartén y "la caja" por el mango (y el mango también, como nos enseñó María Elena Walsh). Pero en este diciembre la oposición de Juntos por el Cambio se encargó también de mostrar la hilacha.

Pidió una sesión especial para modificar la ley de Bienes Personales y no afectar los patrimonios más modestos y cuando logró su cometido perdió la votación porque dos de sus legisladores andaban de paseo por el mundo. El kirchnerismo terminó imponiendo su número y fijó más aumentos en ese impuesto.

Sale una fresca

Entre los alegres turistas que fueron vistos paseando en plena época laboral, se destacó la diputada Gabriela Brower de Koning (entre paréntesis y sin desconocer que gustos son gustos, nos preguntamos: ¿usar el apellido del marido no es una antigüedad?). Esta diputada, que había asumido a principios de este mes, a los 10 días se fue a pasear. ¿Quién se cree que es? ¿Javier Milei?

La señora es cordobesa, radical, del sector del supuestamente renovador Martín Lousteau, abogada y licenciada en Ciencias Políticas. Mucho título y doble apellido para tan poco criterio.

Miami y Orlando, en Estados Unidos, fueron los lugares que recorrió la susodicha mientras sus pares "sudaban" en el Congreso. Lo suyo sonó como el típico accionar del nuevo rico que, deslumbrado, empieza a gastar a cuenta. ¿Tan rápido se olvidó del juramento que hizo en el Congreso? Por suerte, la patria se lo ha demandado.

Los sueldos de un legislador del Congreso están entre los más altos que se pueden conseguir en el mercado laboral. La diputada Brower de Koning ha rifado demasiado rápido su prestigio y ha puesto en juego esa paponia que es la dieta legislativa. El diccionario, esa cosa maravillosa, define a la paponia como "una cosa apreciable que se adquiere a poco costo o con poco trabajo".

Cuando tronó el escarmiento ciudadano, la legisladora pidió disculpas indicando que ella creyó "que había terminado el año legislativo". Y hasta se permitió cuestionar a su partido por no no haber contado bien los votos positivos que efectivamente iba a tener (algo en lo que tiene toda la razón).

Álvaro González.jpg
Diputado nacional Álvaro González (PRO). Partió a Alemania cuando había que votar el Presupuesto. 

Diputado nacional Álvaro González (PRO). Partió a Alemania cuando había que votar el Presupuesto.

Alvarito

El otro paseandero es Álvaro González, porteño del PRO. El origen político de este hombre es el peronismo. No es del montón: lo consideran la principal espada de Horacio Rodríguez Larreta en el Congreso. Es como un Frigerio o un Monzó de la época de Macri.

Lleva 6 años en el cargo. Es decir que sabe muy bien que diciembre es un mes para cocinar habas políticas en el Congreso. Nuestro Álvaro se piantó el 13 de diciembre a Alemania. Una semana antes de que se tratase el Presupuesto.

Fue a ver a su hija que se casaba. Todo bien, humano. Pero, ¿y el compromiso que tiene con el país como representante elegido por el pueblo? ¿Para que aceptan esos cargos si después se van a hacer los sensibles? No votó ni la Ley de Leyes ni la modificación de Bienes Personales. Y va a cobrar el sueldo completo. En cambio, los "hijos de vecino" pierden el presentismo ante la mínima ausencia no justificada.

Los líberos

Buena parte de los legisladores -tanto en el Congreso como en las legislaturas- están convencidos que ellos son líberos. Que son su propio jefe. Les cuesta pensarse a sí mismos como empleados. Pareciera que los ha elegido Dios y no la ciudadanía de carne y hueso. Están, digno es reconocerlo, los otros, los sensatos, inteligentes y laburadores que le hacen honor al cargo.

El régimen laboral de esa "primera mayoría" de vagonetas es laxo. Suelen faltar a las reuniones de comisión, a las sesiones y no se sienten en la obligación de dar explicaciones. A veces mienten diciendo que se ausentan para "hacer trabajo en el territorio".

El libertario Javier Milei, que se vende como súper experto en economía, no sólo faltó a la reunión de comisión con el ministro Martín Guzmán para tratar el Presupuesto, porque eso era "una payasada", sino que intentó hacer lo mismo en la sesión de Diputados donde se iba a votar la Ley de Leyes. Pretendía irse a Estados Unidos a dar una charla sobre Economía. Lo convencieron de que si se rajaba y faltaba a su primera sesión se iba armar un escándalo mayúsculo. Si eso hace en la primera semana de trabajo ¿se lo imaginan cuando esté canchero mute en casta política?

Hay que estar muy atentos a los nuevos legisladores. Seguramente nos van a dar muchas otras sorpresas desagradables. Para viajeros ya los tenemos a Marley y Agustín Neglia. Ellos trabajan de eso y son más divertidos que Brower de Koning.

Temas relacionados: