El Adolfo irá por la sexta y el Alberto buscará la cuarta

El Adolfo Rodríguez Saá es un gran imitador de los mendocinos. Los retrata con picardía apelando a la figura de un ganso. Suele hacer ese acting en cenas generosas.

Me acordé de ese detalle supuestamente naif cuando este señor de 71 años, actual senador nacional, volvió a sorprender al país postulándose para ser otra vez gobernador de San Luis. En un sexto mandato. Sí, sexto.

Lo fuerte es que deberá competir con su propio hermano, el abogado y artista plástico Alberto Rodríguez Saá (69), quien casualmente es el actual mandatario de San Luis y está transitando su tercer período en la Casa de Gobierno. Pero que ya busca con pasión su cuarta gestión.

Ambos intentan elevar hacia un plano más dramático el enfrentamiento que trasiegan desde hace bastante tiempo por el poder en esa provincia, la misma que ambos catalogaron como "otro país".

Quizás usted, lector, se haya olvidado que ese mote independentista tuvo su lanzamiento a principios de 2002, luego de la efímera presidencia argentina de ocho días del Adolfo.

Como si aquel papelón presidencial no hubiese sido suficiente, el Adolfo volvió en aquel entonces a San Luis y empezó  a hablar de la necesidad de convertir la provincia en un territorio independiente.

Sus asesores lo explicaban así: "los puntanos no tenemos por qué pagar la fiesta de un Estado nacional ineficiente".

Aquella vez 

Ahora esta nueva versión vodevilesca de Caín y Abel promete un show de egos, traiciones y escándalos políticos como solo estos hermanos saben hacerlo.

Sí, ya sé, usted escucha la palabra escándalo y debe estar pensando en aquel secuestro que el Adolfo sufrió durante el primer mandato presidencial de Carlos Saúl Menem y que incluyó sexo, mentiras y video, por decirlo de un modo no tan explícito.

Desde el retorno a la democracia en 1983, la provincia de San Luis ha estado en manos de la familia Rodríguez Saá, incluso cuando se tomaron un respiro y la dejaron -hilos mediante- a cargo a cargo de Claudio Poggi.

Los recambios de funcionarios para oxigenar las instituciones son un concepto desconocido por nuestros personajes.  

Cuando uno de los hermanos no estaba  al frente de esa gobernación, disfrutaba de las mieles del Congreso nacional. En lo posible como senador que suena más señorial.

Los unos y ellos

Los Rodríguez Saá son (la opinión es absolutamente personal) exponentes de algo que jamás podría suceder en Mendoza.

Acá la Constituciòn prohibe la reelección del gobernador y, pese a todos los piojos de nuestros políticos y  de nosotros mismos como sociedad, "las familias" no han logrado copar las instituciones, ni las organizaciones de la sociedad como la prensa, ni tampoco colonizar la Justicia ni la Legislatura.

En San Luis los Rodríguez Saà tienen un control milimétrico de todo lo que pasa. Ellos mismos manejan los principales medios de difusión y  ejercen un férreo monitoreo -léase presión- de los opositores.

Abonados a las prácticas de la dádiva y  los subsidios, cultores de una forma caudillesca. autoritaria y apolillada  de gobernar, los hermanos han tenido la habilidad  de tapar parte de eso con obras públicas vistosas ( otras groseramente faraónicas) y con proyectos que quedaron en el camino,  como la idea de convertir a San Luis en el Hollywood argentino.

"Pero hacen" dicen  muchos de los que se han beneficiado de las políticas de los Rodríguez Saá, completando una conocida y ladina  frase.

Descendientes del cacique ranquel Painé y de Juan Saá, un revolucionario del bando federal, los Rodríguez Saá son una dinastía que parece sugerirnos que nunca  se avendrá  a  implosionar.

"Confiate del santo y no les prendas velas", nos solía advertir  mi abuela. Es una  frase para anotar en esta Argentina donde un tal Esteban Bullrich le ganó las elecciones legislativas de 2017 nada menos que a Cristina Kirchner.

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