Hay medios europeos que hablan del “apagón cultural” en la Argentina. Un informe del diario El País sobre el coronavirus en América Latina, resalta que Buenos Aires “que es una de las capitales del mundo más aferradas a los teatros y a las librerías” tiene desde hace 50 días inactivos esos rubros lo que ha hecho florecer el delivery de libros y la proliferación en internet de obras de teatro filmadas.
En Mendoza donde, a escala, sufrimos el mismo apagón, muchos extrañamos la hermosa ceremonia de ir a recorrer los stands de una librería y de hojear novedades o clásicos.
Tocar los libros, sentir la densidad del papel, corroborar las tipografías, sorprenderse o no con el párrafo inicial del primer capítulo, espiar las dedicatorias, demorarse en una frase encontrada al azar, sorprenderse con el diseño de la tapa, todo eso es un ritual, una misa para los amigos de los libros.
Joder hombre, abrimos
Desde este lunes 4 de mayo en España han reabierto las librerías. Lo han hecho con una serie de obligaciones, algunas generales para todo el país y otras más particulares que pueden agregar los gobiernos autonómicos.
Por ahora la atención es con citas previas convenidas por teléfono. Solo se permiten una o dos personas dentro del negocio según las dimensiones del local.
No se pueden tocar los libros si no es con guantes, y quien no lleve guantes y quiera leer las solapas o requiera más datos debe pedirlos al librero que deberá atender detrás de un vidrio. Clientes y empleados deberán llevar tapabocas de manera obligatoria.
Esos nombrecitos
Los españoles le llaman a esto una de las tantas fases de la “desescalada”, es decir la reapertura organizada y creciente de actividades en un país que aún tiene cifras de muertos diarios que en la Argentina asustan, a pesar de que ellos ya están dejando atrás el pico de la pandemia.
Por estas horas hay una gran discusión política en España acerca de si se debe suspender o no el “estado de alarma” que el gobierno del presidente Pedro Sanchez fijó el 15 de marzo cuando la crisis sanitaria se salió de cauce.
El pasado fin de semana se observaron parques, plazas y bicisendas repletas de gente que no guardaba las distancias mínimas que se sugieren en todo el mundo.
Las librerías ibéricas, sobre todo las que tienen locales muy grandes, han pedido que la incorporación de la plantilla de personal no sea de una sola vez sino gradual. Aún no saben si las editoriales comenzarán de inmediato a reponer títulos o a surtirlos de novedades.
Como allá están en primavera, libreros de las comunidades más templadas han pedido que les dejen sacar mesones a la vereda con las ofertas.
“Es muy bueno que nos vean como un comercio que vende un producto de primera necesidad”, le dijo Juancho Pons, dueño de una librería de Zaragoza, al diario ABC.
Más alusiones
Y así como algunos medios españoles rescatan a Buenos Aires como una de las ciudades con más teatros y librerías del mundo, otros sorprenden con alusiones al peronismo, otro clásico argentino.
Navego en el diario El Mundo y me atrae este título en una columna de opinión: “Rescate o Perón”. ¿Lo qué?, me pregunto a la manera de Niní Marshall.
La bajada aclara que ésa es la encrucijada ante la cual se encuentra el cascoteado presidente de España, Pedro Sánchez, quien no se lleva nada bien con Pablo Iglesias, líder del partido populista Podemos, su principal socio en la tembleque coalición de Gobierno que sigue atada con alambres.
El presidente Sanchez es un socialista liberal europeísta. En cambio Iglesias es en España lo que aquí sería un kirchnerista.
Lo de “Rescate o Perón” alude a la necesidad de que España termine de una vez por todas de abrochar “el rescate” financiero que reclama a sus pares de la Unión Europea por los desastres de la pandemia. Lo contrario sería caer en “Perón”, esto es (en esa versión) incumplir pactos y pagos.
Cuando estoy lo más interesado en esa lectura, un cartel me advierte que para seguir leyendo tengo que suscribirme y pagar no sé cuántos euros. Yo siento como si El Mundo ya fuera peronista y me declarara una especie de default informativo a mí.


