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Pedro Américo Fernández, prófugo por no volver al penal tras una salida transitoria, llevaba 20 años preso por haber abusado en 1991 de tres niños y matado a uno de ellos. Estaba en fase de confianza con salidas transitorias desde junio de 201
Uno de los que huyó de San Felipe es un peligroso violador de niños y homicida
Un peligroso violador y asesino está suelto. Llevaba más de 20 años en la cárcel y fue noticia esta semana cuando el Gobierno informó sobre la fuga de tres presos (sólo se recapturo a uno de los prófugos).
Pedro Américo Fernández tiene 60 años y había obtenido del juez de ejecución penal la fase de confianza, por la cual tenía salidas transitorias desde junio de 2010 que le permitían ir al domicilio de un familiar por una cantidad de horas con la obligación de regresar al penal Almafuerte. La semana pasada no volvió y ante su oscuro prontuario el Ministerio de Seguridad anunció ayer una recompensa de $10.000 para quien lo entregue.
Su calidad de reo condenado se la debe a una aberrante y descontrolada seguidilla que protagonizó en el Este provincial en enero de 1991 cuando en el término de 20 días intentó violar sin suerte a dos menores, uno de 12 años, logró violar a otro de 13 y luego violó y mató (el 21 de ese mes) estrangulándolo con un alambre de viña a Daniel Romero, un menor de 14 años que cometió el error de hacerle saber que lo conocía a través de un pariente cuando éste ejecutaba el abuso sexual.
Esto se supo porque el mismo Fernández lo confesó todo en sede judicial, aunque luego en el juicio cambió parcialmente la versión.
El asesinato desnudó su faceta de impiedad. Como el chico lo reconoció le dijo que se pusiera de espalda contra la suya y lo enlazó por el cuello con el alambre hasta matarlo.La pericia psiquiátrica lo describiría como un individuo de “personalidad psicopática, impulsivo, con mal manejo de la agresividad, falta de culpa, carencia de angustia. Narcisista y egocéntrico”
Dos días después de aquella violación y asesinato le robó varias pertenencias a un pariente con quien residía y desapareció de allí.El 16 de marzo de 1991 concretó su última violación, a un niño de 9 años al que abandonó con vida en la vía pública en la zona de Tres de Mayo.
La Cámara del Crimen de San Martín lo condenó rápidamente el 1 de octubre de 1991 a prisión perpetua y lo declaró reincidente pues ya tenía otras tres condenas por privación ilegítima de la libertad.
Encarcelado, consiguió una conmutación de pena que sólo puede ser firmada por un gobernador –no se sabe quién la rubricó– a instancia de lo que aconsejen los organismos técnicos criminológicos.
Así le bajaron la pena de perpetua a 25 años de cárcel, lo que le permitió a partir del año pasado, cuando cumplió 20 años preso, a acceder al régimen transitorio de salidas.
Un depredadorFue así que en aquel verano de 1991 las autoridades policiales y judiciales del Este se encontraron en un abrir y cerrar de ojos con un violador serial de niños que además habría cruzado el umbral del asesinato.
Como reflejó luego el expediente judicial en el que se lo condenó, estaban ante un depredador sediento que buscaba a sus víctimas a diario y las engañaba con promesas de distinto tipo. Les ofrecía buen dinero por un trabajo o se hacía pasar por técnico de fútbol prometiéndoles que los llevaría a jugar a un club. Se identificaba con un nombre falso.
Así cazaba a sus víctimas, siempre después de las 18, porque la noche le daba impunidad.
Se llevaba a los niños y hacía con ellos largos recorridos en micro o en camioneta esperando que la penumbra llegara.
Con la oscuridad encima los llevaba engañados a algún alejado descampado con matorrales donde los niños quedaban a su merced.
Probado quedó en la investigación que los tres chicos violados no se resistieron a la hora de ser abusados porque fueron amenazados y porque estaban aterrorizados, ya que terminaban con él en parajes solitarios, lejos de casa, de noche y sin nadie cerca a quien pedir ayuda.
De los dos que lograron escapar uno se resistió cuando empezó a manosearlo, situación que Fernández decidió resolver golpeándolo con una piedra en el rostro.
Aun así el menor se repuso, salió corriendo de la maleza que estaba en una finca y salvó su vida al pedir ayuda a un vecino de la zona.
El otro niño, al que llevó en camioneta, se escapó del descampado lleno de pánico.
Tras la violación del niño de 9 años, Fernández fue atrapado en San Juan y de ahí viviría en la cárcel.
En el penal sobrevivió todos estos años con el peor de los delitos a cuesta, el que hasta los presos aborrecen.
¿Por qué Fernández podía salir del penal?Con tres violaciones y un asesinato en su pasado Pedro Américo Fernández tenía salidas transitorias.
Ese beneficio que a más de un ciudadano indignaría integra los derechos de los presos cuando están terminando de cumplir su condena.
El sistema penal y legal argentino no prevé el castigo de por vida hasta que el acusado se muera de viejo.
Por eso la prisión perpetua en los hechos tiene un plazo, antiguamente hasta los 20 años de cárcel y ahora hasta los 35, momento en que el condenado queda libre. Esta mecánica responde a la lógica de que el sistema apuesta a recuperarlos.
Antes de ser libres los internos acceden a regímenes de confianza con salidas temporales que son sólo autorizadas por la Justicia.
La palabra oficialSebastián Sarmiento, director del Servicio Penitenciario provincial, confirmó ayer a Diario UNO que “Pedro Américo Fernández estaba en fase de confianza con salidas transitorias desde junio de 2010, las que cumplió rigurosamente hasta hace unos días”.
El funcionario explicó que “Fernández llegó a la cárcel en 1991 con prisión perpetua pero con el pasar de los años recibió una conmutación de la pena cedida por un gobernador que redujo su condena a 25 años de prisión. Como ya ha cumplido 20 años de encierro, tenía acceso a estos beneficios carcelarios”.
Sarmiento aclaró: “Estas salidas no las autoriza ni el Servicio Penitenciario ni el Gobierno sino la Justicia”.
Precisó que en mayo del año pasado “Fernández pidió la libertad condicional a la jueza de ejecución penal María Inés Vargas pero ella se la rechazó porque era reincidente”.
“Entonces tramitó la salida transitoria –siguió–, que es por ejemplo una salida cada 15 días por unas horas. Primero los acompañan los guardias y luego van solos porque eso es parte del régimen de confianza”.
Señaló que “para que el juez autorice tiene que haber un informe favorable del organismo técnico criminológico del penal que es quien sugiere si el preso está en condiciones de cumplir su compromiso”.



