Por Laura Zuliá[email protected]
Los encerraron en el baño y los desvalijaron. Entraron a su casa, en Las Heras, creyendo que allí vivía un policía. Pedían que les dieran “el chumbo” y, aunque tenían el dato errado, igual se llevaron todo lo que pudieron.
Una familia sufrió una verdadera pesadilla por dos ladrones un tanto confundidos
Viviana Echeverría (38) había puesto la comida en el horno y mientras, para aprovechar el tiempo, había salido a regar el jardín del frente de su casa y cortar un poco el pasto. Esta rutina doméstica terminó convertida en una verdadera pesadilla cuando dos ladrones encapuchados aprovecharon la ocasión para robarles y dejarla encerrada a ella, a su esposo, a su hijo y a su sobrino. Iban en busca del arma de un policía que, supuestamente, vivía allí.
La mujer, aún conmocionada por lo que le había tocado vivir, contó a UNO que cerca de las 22.30 del jueves estaba en la vereda de su casa del barrio El Sol In Me regando, en la hora permitida, el jardín. En un momento, como tenía la cena casi a punto, dejó la manguera y entró para apagar el horno. Antes de darse vuelta para ingresar a su casa vio un Volkswagen Gol blanco que se paró justo en la esquina.
Aún no entiende cómo, de forma muy silenciosa, apenas ella cruzó la puerta de su casa, un ladrón encapuchado la agarró desde atrás, ya adentro de la vivienda. “Deben haber entrado justo detrás mío, sino no se explica. Me dijeron que me quedara quieta y me llevaron para el fondo”, comentó la víctima.
Una vez adentro, todo se convirtió en una pesadilla. Además del encapuchado que la agarró a ella, entró otro más. “Me apuntaba en la cabeza y comenzaron a llamar a mi esposo, él les dijo que se llevaran todo”, agregó. Parte del calvario vivido tenía que ver un dato erróneo que tenían los delincuentes: buscaban a un policía y querían su arma.
“Tiraron a mi marido al piso y le empezaron a pegar en la cabeza con el arma y a ponerle el revólver en el cuello, yo creía que le iban a disparar. Pensaban que mi esposo era policía y le decían: ‘Vos sos cobani, dame el chumbo’”, comentó Viviana. Y esto agravó aún más la situación.
La mujer, frente a la desesperación, fue a buscar una suma de dinero en efectivo que tenía guardada en el placard “por las dudas”. “Siempre teníamos algo porque pensábamos que si alguna vez entraban y no teníamos nada era peor, porque te pegan o te matan por eso”, dijo Viviana.
Antes de irse, los dos hombres -ambos armados y encapuchados- encerraron a la pareja y a los dos niños -de siete y ocho años- que estaban en la casa en el baño de una de las habitaciones. Así fue como los delincuentes aprovecharon para hacerse de un cuantioso botín en electrónica: dos filmadoras, dos cámaras de fotos, dos consolas de videojuegos (una Xbox y una PlayStation 2), un equipo de música, un reproductor de DVD y un televisor LCD.
Los hombres arrasaron además con una caja de bijouterie de Viviana, creyendo quizás que serían cosas de mayor valor. “Era todo de fantasía. Pero me pidieron que me sacara un anillo de plata, y como no me salía –señala la marca del anillo aún en el dedo– me apuntaron mientras trataba de sacármelo con jabón”, agregó.
Para Viviana hay algo que era evidente, y es que estos ladrones no eran ningunos improvisados. “Se llevaron los celulares para que no pudiésemos llamar a la policía, nos dijeron que nos quedáramos calmados y que no llamáramos mucho la atención, y hasta arrancaron la línea del teléfono fijo. Además, ya estaban preparados con las capuchas y las armas; esa noche habían salido a robar”, concluyó la mujer.
El único gesto que mantuvieron con la familia fue dejar sobre una de las mesas todos los documentos que la víctima les había rogado que no se llevaran. Los vecinos le comentaron, después, una vez que pudieron salir del encierro, que en la esquina a donde Viviana había visto que había quedado parado el auto, un hombre se había quedado y “hacía como que arreglaba el vehículo”. Pero, pese a que los ladrones salieron cargados con un cuantioso botín de electrodomésticos, nadie vio nada. Ni siquiera los cuatro caniches que son las mascotas de la casa ladraron . “La verdad es que este era un barrio muy tranquilo”, dijo la mujer aún movilizada y con los ojos rojos por el llanto.

