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Los dos internos de 25 y 26 años fueron encontrados ahorcados en la misma celda. Pericias indicaron uno de ellos tenía marcas de violencia. Se desconocen las causas.

Sigue la incógnita por la muerte de dos presos en el penal San Felipe

La muerte de los dos convictos, Luis Sebastían Rosales (26) y Arnaldo Andrés Bastías(25), que aparecieron ahorcados en el complejo San Felipe, de Ciudad, el lunes pasado sigue siendo una incógnita. Nadie a ciencia cierta sabe lo que pasó y el caso está rodeado de especulaciones de diversa índole. Todavía no se conoce el resultado del estudio forense, que si bien puede determinar las causas que provocaron la muerte de ambos, no es su competencia establecer las circunstancias que rodearon el caso que se presenta por demás confuso.

Según los investigadores, hay muchos puntos oscuros. Lo que está claro es lo siguiente: el primero en morir fue Bastías, quien además de ser estrangulado presentaba quemaduras en los pies hasta las rodillas. Rosales murió después. Esto está probado por el forense que concurrió al complejo analizando el rigor mortis que presentaba Bastías.
El círculo no cierra por más que desde algunas esferas allegadas a la penitenciaría se pretenda dar a entender que Rosales habría asesinado a Bastías y luego se ahorcó. De ser así la causa no estaría caratulada como averiguación muerte y sería homicidio seguido de suicidio. Otro punto importante es que dentro de la celda 6 no había ningún elemento que pudiera ser utilizado para prender fuego. A todas luces, este debe haber sido introducido por alguien ajeno a la celda, quien también se habría encargado de apagar las llamas. A esto hay que sumarle que los dos reos, detenidos por un robo agravado a una anciana en Junín, fueron hostigados permanentemente por el resto de la comunidad carcelaria del pabellón B, donde están alojados los presos considerados más peligrosos. Es que el resto de los detenidos pensaron que ellos habían violado a la anciana que asaltaron, cuando en realidad el presunto autor es un cómplice de 18 años, quien también está detenido. Según pudo conocer UNO, Rosales y Bastías fueron amenazados por el resto de los preso. “Los vamos a matar... Mátense... Los vamos a hacer cagar”, les gritaban, al tiempo que les tiraban piedras con una honda y esto es compatible con las lesiones que presentan los dos, tanto en el rostro como en el resto del cuerpo. También presenta interrogantes el hecho de que la guardia carcelaria está ubicada justo frente al pabellón y aparentemente no intervino para parar el ataque a Rosales y Bastías. Tampoco se entiende –explicó una fuente de la investigación– cómo es que no detectaron el humo o el fuego que provenía desde la celda e ir urgente a ver qué estaba sucediendo. La fiscal de Delitos Complejos Claudia Ríos Ortiz ordenó el mismo día del hallazgo de los cuerpos que se requisara todo el pabellón B y a todos los detenidos. Se hallaron chuzas y varios objetos punzocortantes, pero ninguno presentaba en sus manos signos de haber utilizado una tela para estrangular a Bastías. Y tampoco los tenía Rosales.

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