Por Catherina Gibilaro
Patricia (42), la madre del pequeño que el lunes apareció colgando de una soga en su cucheta y está en terapia del Notti, no para de llorar. Está en el hall del hospital tras dejar un momento a su pequeño Nando. “Yo sé ahora que él lo hizo por miedo a que yo me muera. Lo afirmo desde mi corazón de madre y después de saber que él había decidido donarme su corazón para que yo viviera tras la delicada operación que me hicieron en el Perrupato”.
La mujer reafirmó lo que el miércoles contó Mario (su vecino) a Diario UNO sobre que madre e hijo son muy unidos: “No podemos estar el uno sin el otro. Él tiene apenas 10 años y es mi regalón. Tengo dos hijos mayores y Nando estaba a cargo de mi hija desde que me internaron de urgencia. Lo que me encontraron es muy delicado, es una operación ginecológica”.
En el terreno de las hipótesis, y hablando de lo que puede haber pasado por la cabecita del niño, dijo: “Debe de haber sabido lo que el médico le informó a mi hija sobre la gravedad de mi estado y esto puede haberlo asustado demasiado. Es muy sensible”.
“El domingo, que era mi cumpleaños, Mario y su esposa lo llevaron al hospital para que estuviera un rato conmigo. No dejaba de mimarme y de besarme sin parar a tal punto que Mario lo sacó de encima mío, cariñosamente, para que con su peso no me lastimara donde me habían operado”.
“Nando –así llama Patricia cariñosamente a su hijito– no se cansaba de repetirme una y otra vez: ‘Gordita, yo te amo. No te voy a dejar hacer nada cuando volvás a casa, te lo prometo’. Con esto puede darse una idea de la relación fuerte que nos une. Pero nunca sospeché de que podía hacer algo así”, aseguró Patricia.
Secándose las lágrimas que corrían imparables por su rostro, la mujer trató de rearmar lo que pasó ese día fatal: “Es probable que se sintiera muy solo y por eso desde la casa de mi hija, que estaba cuidándome en el hospital, fue a la nuestra. Allí estaba mi pareja, Gustavo, con quien él se lleva muy bien. Gustavo viaja mucho y al día siguiente tenía previsto hacerlo. Él lo adora y no quería que se fuera. Muchas veces le decía: ‘Yo te voy a buscar otro trabajo para que no te vayás más’. Esto, sumado a que no me tenía a mí, debe de haberle producido una tristeza enorme que no pudo superar. Además es un chico muy maduro. ¡Y pensar que una hora antes había estando comiendo un helado en el jardín mientras Gustavo descansaba un rato!”, reflexionó muy angustiada y sin parar de llorar.
Cómo se enteró de lo ocurrido
“Yo estaba bastante mal –siguió contando Patricia– y mi hija me cuidaba en el hospital. A ella la llamaron y al ver que salía corriendo le pregunté qué estaba pasando. Para evitar decirme la grave noticia usó como pretexto que debía llevar a su hijita al Notti. Después me llamó y recién entonces me dijo qué había pasado. Yo me volví loca. Esperé estabilizarme un poco y pedí el alta voluntaria, que los médicos no me querían dar, pero nadie me podía detener. Yo quería estar sólo con él. Me levanté como pude y le pedí a mi hija que me fuera a buscar para llegar al Notti y verlo. Estaba todo intubado y en coma. Recién hace cinco horas le quitaron el respirador”.
Acerca de las secuelas que puede dejarle haber estado sin oxígeno señaló que “la tomografía está bien pero no se puede saber del todo hasta qué punto lo afectó hasta que se despierte”. Justo en ese momento la llamaron de terapia, hacia donde fue urgente. Nando se había despertado y la llamaba.
Subió casi arrastrándose. Primero con miedo y luego vio a su Nando, que estiró sus brazos hacia ella. La apretó fuerte y le dio un beso grandote.
Fuente: Uno Mendoza




