Por Ariel Cubells[email protected]
Abel Maximiliano Gibbs (24) fue encontrado culpable del homicidio de Alberto Chalar (45). El docente murió asfixiado en su departamento de Mendoza.
Prisión perpetua para el asesino de un profesor de música
Prisión perpetua fue la sentencia recibida por Abel Maximiliano Gibbs (24) de parte de la Séptima Cámara del Crimen, que probó que fue el autor material del asesinato mediante asfixia de Alberto Chalar (45), el profesor de música que apareció muerto el 30 de enero del 2014 en su departamento de Mendoza. El único acusado por este caso estaba imputado por homicidio criminis causa –matar para ocultar otro delito–, ya que sus intenciones iniciales en aquel momento fueron las de robarle a la víctima.
El juicio comenzó el lunes y luego de tres días de debate llegó ayer en la mañana la hora de los alegatos y de la sentencia. La fiscal de Cámara Susana García pidió la pena máxima con todas las pruebas reunidas (contundentes en contra de Gibbs) y lo mismo entendió la querella, en representación de la familia de Chalar a cargo del abogado Roberto Lavado. Por su parte, la defensa del acusado encabezada por Silvina González manifestó que la pena debía ser de 18 años de por homicidio en ocasión de robo.Finalmente, el tribunal presidido por Gabriela Urciuolo deliberó y decidió condenar a Maximiiano Gibbs a prisión perpetua. Pruebas claras Chalar fue encontrado sin vida en su departamento de calle Córdoba 117, de Capital. Fue un inquilino del pequeño complejo quien halló el cadáver. Estaba desnudo y tapado con una sábana. El docente había sido asfixiado, según consta en los informes de la necropsia. En el pasillo común que da a la calle estaban los electrodomésticos y otros bienes del profesor apilados y alguien había llamado a un fletero, supuestamente para trasladar esos objetos.El inquilino (testigo clave) al llegar al edificio se encontró con un sujeto saliendo. Le preguntó: “¿Quién sos” y la respuesta fue: “Soy Maxi”, justamente el segundo nombre de Abel Gibbs. El mismo inquilino vio a un fletero llegar, quien le dijo que unos minutos antes lo habían llamado por una mudanza, pero el transportista se fue.Las declaraciones testimoniales del inquilino fueron fundamentales. La Justicia se comunicó con la empresa de fletes y luego con el trabajador. Este hombre declaró que lo llamaron el 29 de enero alrededor de las 20 por una mudanza para el otro día en calle Córdoba y al día siguiente, lo llamó un hombre a las 6.20 para realizar la mudanza. Es decir, la comunicación fue realizada diez minutos antes de la llegada del inquilino al edificio, pero varias horas después de que muriera Chalar.La Justicia poseía estos importantes datos: el nombre del hombre que salía del edificio y también su número telefónico gracias al registro de la empresa de fletes. Al solicitar a las empresas de telefonía móvil la identidad de la titularidad de ese número, una de las firmas contestó. El nombre del dueño de la línea es Maximiliano G.Los cabos se habían atado. Alberto Chalar había sido asesinado y tenían un sospechoso, Maxi, quien planeó todo un día antes del crimen con el objetivo de robarle los bienes que encontraron en el pasillo.Chalar y Gibbs se habían conocido un tiempo antes por las redes sociales y habían pactado ese encuentro. Mensajes por Whatsapp, llamadas telefónicas entre ellos y restos de ADN del acusado en el departamento de la víctima fueron determinantes para desentramar la situación.




