Por Alejandro [email protected]
El debate por el doble crimen de los albañiles del Rengo Aguilera, que empezaba este lunes, pasó al 12 debido a un planteo de la defensa. En diciembre lo condenaron a perpetua por otro asesinato.
Postergaron el inicio del juicio al Gato Araya para el próximo lunes
El juicio contra Javier Gato Araya y dos miembros de su banda por el sangriento y brutal asesinato de dos obreros que trabajaban para Daniel Rengo Aguilera –jefe de la barra brava de Godoy Cruz Antonio Tomba– se iniciará recién el lunes 12, luego de que el tribunal debiera suspenderlo por diferentes planteos técnicos de la defensa.
La postergación causó preocupación en los tribunales, ya que se comenta con fuerza que los abogados defensores de Araya buscan postergar el inicio del juicio todo lo posible para lograr que se venzan los plazos y pelear la libertad del Gato bajo el argumento de que lleva tres años preso sin sentencia firme.
El juicio debía comenzar mañana en la Sexta Cámara del Crimen, pero la defensa de Araya recusó al tribunal, planteo que fue rechazado. No obstante, a renglón seguido hizo un cuestionamiento de plazos legales en el llamado a debate. En ese caso, el tribunal hizo lugar y prorrogó el comienzo una semana más.
Se trata del doble homicidio de Darío Echeverría y Ceferino José Escudero, quienes el 15 de enero del 2010 fueron sorprendidos por la banda de Araya cuando trabajaban en un barrio semiprivado en El Carrizal, en la obra de una vivienda de los Aguilera.
Allí, ambos obreros –quienes no sólo eran vecinos de toda la vida del referente de la barra de Godoy Cruz, ya que también uno de ellos se había criado con la familia Aguilera– fueron atacados y masacrados, uno a golpes con un pico y el otro cortado con una botella de sidra rota hasta morir.
Así lo concluyó en ese momento la investigación que realizaba la Justicia federal a partir de las escuchas telefónicas sobre los equipos de comunicación de los hombres de Araya, donde quedaron grabadas todas las conversaciones previas al homicidio y –según los detectives– se lo escucha a Araya dando las instrucciones y luego el reporte de sus mandados confirmando que habían cometido el crimen con éxito.
Uno de los señalados es Ricardo Ferreyra Hervidia, involucrado en otro sonado caso como falso testigo, a quien en las grabaciones se le adjudica la frase: “Sí, jefe, lo agarré con un pico y le abrí la cabeza”. E incluso después le da el detalle de que quien lo acompañaba, Héctor Hueso Morales, que se había encargado de eliminar a la otra víctima, había empezado a vomitar tras la conmocionante escena.
Todo esto tomó por sorpresa a los detectives de la Justicia federal que tenían pinchados los teléfonos de Araya, porque lo investigaban en una megacausa de tráfico de drogas y contrabando de bienes por el paso internacional a Chile.
En el medio del análisis de las escuchas fueron encontrando que el Gato le había ordenado a su banda copar y controlar el barrio La Gloria, e inclusive desplazar a Daniel Aguilera y sus hermanos, a quienes veía como una amenaza.
El propio Aguilera declaró en aquel momento a Diario UNO: “El Gato Araya ofrece $300.000 en el barrio por mi cabeza”. Aquella confirmación del Rengo fue después de que asesinaran a los albañiles y que le dejaran diez coronas de sepelio en la puerta de su casa, dirigidas a cada uno de los miembros de su familia.
Punto sin retornoEl doble crimen de los albañiles del Rengo fue el punto sin retorno para el Gato Araya y su banda, ya que 11 días antes –el 4 de enero– había sido asesinado a balazos a bordo de un vehículo, en la calles del barrio La Gloria, Ezequiel Salas, a quien también se lo vinculaba con el Rengo, y por las escuchas se descubriría luego que el Gato y su banda estaban involucrados.
La Justicia federal y la Policía de Mendoza, que ya les había dado un par de golpes a los contrabandos de la banda, lanzaron entonces una operación general que arrojó decenas de detenidos, vehículos secuestrados, mercadería contrabandeada y droga en pleno tráfico. La captura de Araya fue librada y, finalmente, éste cayó preso meses después en Buenos Aires, donde una comisión policial lo sorprendió saliendo de un edificio en el que estaba parando.
Por el crimen de Salas, Araya y Morales fueron condenados a cadena perpetua en la Quinta Cámara del Crimen el 27 de diciembre. Luego de unos meses, Araya fue trasladado del penal Almafuerte al de Ezeiza, en Buenos Aires, tras un informe del Sistema Penitenciario que dio cuenta de que corría peligro la vida del reo.



