Así definió el fiscal de cámara a un hombre de 28 años  juzgado en San Martín por violación. Dos chicas de 16 años contaron que fueron abusadas por el hombre y podría haber más víc

Pidieron 20 años de cárcel para un “depredador sexual”

Por UNO
Tras calificar al imputado de “depredador sexual” y de pedir que su patrón de ADN quede guardado, ya que se sospecha de que habría más víctimas, el fiscal de cámara Oscar Sívori pidió 20 años de prisión para Javier Romero (28), que llegó al juicio acusado de haber violado a dos adolescentes. El magistrado también pidió que se investigue al padrastro de una de las víctimas, ya que la joven dijo en la entrevista con los psicólogos que él la había ultrajado cuando era una niña.

El juicio, llevado adelante en la sala unipersonal de San Martín del camarista Eduardo Orozco, llegó el viernes a la etapa de alegatos y la sentencia se dará a conocer la semana próxima.

Los hechos juzgados ocurrieron en el pueblo de Medrano, que está justo en el límite entre los departamentos de Junín y Rivadavia, que comparten su territorio.

El primero de los casos habría sucedido en setiembre de 2012. Según la investigación, Romero primero hacía un juego de seducción con sus víctimas y después, sin atender sus negativas, las violaba.

La primera de las víctimas tenía 16 años cuando habría sido ultrajada y no se había iniciado sexualmente. El hombre la cortejó una noche, la convenció de caminar solos por alguna de las oscuras calles del pueblo y aprovechó esa oscuridad presuntamente para acosarla. La chica se negó y quiso escapar, pero Romero la habría inmovilizado, tirado al suelo y habría abusado de ella. El ataque produjo lesiones y sangrado. Cuando regresó a su casa, la adolescente contó lo ocurrido y fue trasladada a un centro de salud, donde se constataron las lesiones. El hecho fue denunciado y a las pocas horas se libró orden de captura contra Romero. Sin embargo, durante más de un año el hombre logró mantenerse prófugo.

Recién a fines de 2013, en un operativo policial de rutina  efectuado en carril Zapata y calle Angosta, en el distrito sanmartinano de Montecaseros, Javier Romero fue identificado entre otras muchas personas y se detectó que figuraba en el orden del día desde hacía tiempo.

A esa altura ya pesaba otra denuncia sobre él. Otra joven, también de 16 años, lo había denunciado por violación. La estrategia que habría usado el agresor sería idéntica a la anterior: primero seducción y después violación.

Los resultados de las pericias médicas y psiquiátricas que se efectuaron sobre las dos denunciantes confirmaron la existencia de los ataques sexuales y también que las adolescentes hacían un relato veraz de los hechos y que ambas sufrían un trauma severo por lo ocurrido.

Desde su detención, el acusado siempre mantuvo la misma estrategia defensiva y dijo que las relaciones habían sido con consentimiento. Sin embargo las huellas en sus víctimas se contrapusieron con esta versión.

Incluso la defensa de Romero hizo declarar a algunos amigos del imputado, que trataron de “rápidas” y de “putas” a las víctimas.

El fiscal Sívori sostuvo en su alegato que además de estar probado que las chicas no tenían experiencia sexual, eso no era relevante ya que los actos sexuales fueron cometidos en contra de la voluntad de las jóvenes. “No es de hombre menospreciar a una mujer de esa forma y mucho menos no respetar su voluntad, independientemente de cuánta experiencia sexual tenga”, dijo.

El representante del Ministerio Público le solicitó al tribunal que el ADN del imputado quede guardado en el banco genético, ya que hay indicios de que Romero puede haber violado a otras chicas que no se animaron a denunciarlo en su momento, y lo calificó de “violador serial”.

En el transcurso de la investigación surgió un dato que el fiscal pidió que sea investigado y realizó un pedido de compulsa: una de las aparentes víctimas de Romero contó en la Cámara Gesell que su padrastro la había ultrajado unos años antes.