Por Catherina Gibilaro - cgibilaro@diariouno.net.ar Un rosario de peripecias burocráticas que dejaron al descubierto severas falencias de una oficina fiscal y de un médico del Cuerpo Médico Forense vivió un hombre que había sido golpeado en la cabeza y apuñalado dos veces en la espalda por un vecino en el barrio 17 de Octubre, de Las Heras. La historia, contada a UNO por la víctima, Diego Daniel Páez (31), deja estupefacta a cualquier persona. Todo comenzó el martes 5 de mayo alrededor de las 18. El hombre salió junto con su hijita de 6 años a llevar al perro al veterinario en la calle San Martín y 3 de Febrero, porque el animal había sido operado recientemente. En el trayecto, y cuando apenas habían recorrido unos pocos metros, de una vivienda aledaña salió una perra que atacó a su hija provocándole severas lesiones en un tobillo. El hombre al ver a la hija ensangrentada regresó a la casa y su esposa la cargó en un taxi y la llevó urgente al hospital Carrillo. Él, mientras tanto, empezó a preguntar quién era el dueño del perro y algunos vecinos le señalaron a un hombre, Carlos Goviedo, al que fue a reclamarle por lo sucedido. Este, lejos de preocuparse por la chiquita, le manifestó que no era su responsabilidad ya que hacía tres días que había arrojado a su perra de la casa, que había tenido cría pocas horas antes y se había "acovachado" debajo del puente de la acequia con sus cachorritos. Incluso insinuó que la mataría. A esto se opusieron varios vecinos y el propio padre de la nena. Goviedo, según relató Páez, comenzó a levantarle la voz y repetía que "iba a matar a la perra". "Yo le dije que se preocupara por mi hija, que es una persona, y en ese momento sacó un palo y me lo dio con fuerza en la cabeza. No conforme me asestó dos puñaladas con un cuchillo grande en la espalda. Alcancé a agarrarle la muñeca, porque temía que me hiriera otra vez". Diego se detuvo un instante y luego agregó: "Vinieron tres muchachos a defenderme y uno de ellos también terminó con la mano ensangrentada. Finalmente lograron sacarle el cuchillo". Los vecinos llamaron a la policía y cuando los uniformados llegaron pese al retraso de la ambulancia no permitieron que una mujer llevara a Páez al hospital, aduciendo que "no podían tocarlo". Unos 40 minutos después, y cuando el padre de la niña estaba desmayado y con mucha pérdida de sangre, llegó el vehículo y lo trasladó al Hospital Central. "Allí me tuvieron en observación hasta las 2 de la madrugada siguiente después de medicarme". Dos veces víctima Cuando se retiró del Hospital Central, Páez fue a la Oficina Fiscal N°5 de Las Heras, muy dolorido por las heridas: "Allí me tuvieron esperando desde las 2.30 hasta las 4.10". Mientras, a Goviedo lo habían detenido. De la fiscalía donde finalmente pudo declarar lo mandaron con un móvil al forense, en el parque General San Martín, donde una persona les dijo: "Yo no puedo firmar porque no estoy autorizado". "Pregunté por el médico -agregó Páez-, pero no me contestó y se volvió a dormir". Junto con el móvil policial se quedó esperando que el médico llegara. A las 8, ante la delicada situación y la ausencia del profesional, el oficial a cargo del móvil lo llevó al forense de la calle Belgrano. Allí no terminó el problema, porque recién empezaban a atender a las 9.30. Los dolores no daban tregua. El herido después de tantas horas se mantuvo sentado en un banco hasta que un médico lo atendió y lo mandó a la casa. "Recién entonces, o sea desde el martes a las 18 hasta el miércoles pasadas las 10.30, pude volver y recién logré acostarme. Estaba todo roto. Lo peor fue que a Goviedo lo tuvieron preso sólo tres días por lesiones, y yo ahora al igual que mi familia nos tenemos que cuidar porque este hombre es una amenaza constante. Yo perdí días, muchos días, de trabajo y mi nena recién la semana que viene puede volver a la escuela por las heridas en el tobillo", concluyó con una gran amargura.
Diego Páez (31) fue golpeado y herido con un cuchillo por un vecino en Las Heras, tras quejarse por una perra. El animal había atacado a su nena de seis años, quien aún está convaleciente, al igual que él. Se sien
Peripecias de un apuñalado, en una oficina fiscal y en el forense
