SAN MARTIN – El martes perdió $20.000, este miércoles a la madrugada siguió la racha y se leescaparon otros $14.000. Con los bolsillos dados vuelta y obnubilado por la desesperación, agarró a
De tanto patearla, el hombre de unos 40 años logró tomar la caja registradora y con ella en la mano
intentó salir por la puerta del local. Los guardias lo detuvieron.
Perdió 34 mil pesos en el casino de San Martín y destrozó la máquina tragamonedas
patadas una de las hambrientas máquinas tragamonedas, la destrozó y consiguió apoderarse de lamaldita cajita, que contenía $18.000. Quiso salir del casino, pero solo llegó a la puerta. Los
gentiles guardias de seguridad lo acompañaron hasta la comisaría, donde quedó detenido hasta estemiércoles a la tarde, después de que se lo indagara por el delito de robo en grado de tentativa. El escenario de esta historia fue la sucursal de la ciudad de San Martín del Casino deMendoza y su exclusivo protagonista, un vecino de cuarenta y pico de años, de buen pasar pero quecarga sobre si el yugo de los juegos de azahar. En el casino lo conocen y no les llamó para nada verlo jugar insistentemente el martes a lanoche. Tampoco les sorprendió demasiado que a la hora ya hubiera perdido $10.000 en las maquinitasy recién se sintieron un tanto inquietos cuando a las 2 horas iba por los $20.000 y no le quedabani un resto en su billetera. El hombre abandonó la sala esa noche fingiendo calma. Se lo veía algo pálido y transpirado,pero su aspecto no era muy distinto al de otros muchos clientes que habían salido antes y quehabían derrochado apenas $100. El miércoles a la madrugada el hombre reapareció. Venía ansioso por recuperar su plata. Subolsillo estaba gordo nuevamente: traía otros $14.000. Otra vez las máquinas y otra vez a perder.Los billetes fueron deglutidos, uno a uno. Todo volvió a desaparecer dentro del infame e insensiblecajón de chapa que solo emitía tintineos de codicia. A la mitad de la velada, otra vez, ya no quedaba nada para perder. Todo se había ido. Eljugador entró en crisis. Ya no había reservas con las que acudir al día siguiente, imaginando unmilagro. Desesperado, el empedernido jugador comenzó a patear la macabra máquina y a sacudirla. Comosofocado por el enfervorecido ataque el infernal aparato dejó escapar su caja registradora. Elhombre la tomó y, buscando piedad, encaró para la puerta de calle. Sin violencia, pero con convincentes argumentos (como un brazo enroscado en la espalda) losguardias de seguridad evitaron la salida del perdidoso y sugirieron dar una caminata hasta laComisaría 12. Allí la oficial encabezó las actuaciones con la impiadosa frase "robo, en grado de tentativa"y dispuso alojar al desafortunado en una celda en donde permaneció, reflexionando, hasta estemiércoles a las 17.




