El crimen de Micaela García es un tsunami: de dolor, de indignación, de reclamos, que arrastrará a muchos a las calles, a algunos a dimitir, a otros a escuchar y ponerse a trabajar. Quizás, esta vez, un femicidio empiece a cambiar algo. La prisión perpetua que le espera a Wagner, y el posible juicio político al juez que lo liberó, no alcanzarán como respuesta.
Luego de una semana de búsqueda y angustia, pudieron encontrar el cuerpo de Micaela. El viernes a las 18 hallaron su sandalia, el pantalón, la remera y el juego de llaves, a unos 500 metros al este de la ruta 12, en una zona de pastizales muy densa, donde se realizaban parte de los rastrillajes. Se denomina zona de Primera Sección Chacras, detrás del hospital San Antonio, al norte de Gualeguay.
Ayer a la mañana llegó un dato a la Policía que permitió precisar la zona de búsqueda del cuerpo. A las 11, los perros rastreadores llevaron a donde Micaela fue hallada, en una zona rural, paraje de la estancia Seis Robles, a unos 10 kilómetros de la ciudad. El cuerpo fue trasladado a la morgue de Oro Verde, donde el médico forense Walter Aguirre hará la autopsia para determinar la causa de la muerte y si fue víctima de abuso sexual, entre otros datos de importancia para la causa. Estaba desnudo, en avanzado estado de descomposición, informó la Policía.
Doce horas antes del hallazgo del cuerpo fue detenido el principal sospechoso, Sebastián Wagner. Estaba en la localidad bonaerense de Moreno, al lado de la casa de su madre. Fue ella misma quien llamó a la Policía y personal de la comisaría octava llegó de inmediato a la vivienda. Cuando irrumpieron en la casa ubicada en la calle Tablada y Davaine, en el barrio Las Catonas, escucharon que Wagner estaba en una habitación y gatillaba un arma. Se quería matar, pero el revólver no funcionaba. Luego se entregó.
El hombre de 30 años, condenado por dos violaciones y absuelto por una tercera, fue trasladado en la mañana de ayer a Gualeguay y ahora está alojado en la Unidad Penal de la que no debió haber salido, según lo aconsejado por profesionales. En las próximas horas será citado a declaración de imputado por el fiscal Ignacio Telenta.
En la causa hay otros dos detenidos, por encubrimiento: uno de ellos es Fabián Pavón, de 27 años, titular del lavadero donde trabajaba Wagner, quien le habría facilitado la huida hacia Campana en un camión. El otro es Fabián Ecossort, de 52 años, pareja de la madre del acusado, quien lo buscó y alojó en Moreno y luego lo ayudó a ocultarse en otro lugar, y no decía dónde. Ambos fueron imputados por el fiscal y también están alojados en la cárcel de Gualeguay.
La "sana crítica" que causa muertes
Hoy todos le apuntan al juez de Ejecución Penal, Carlos Rossi, por haber liberado a Wagner al cumplir seis de los nueve años de condena por dos violaciones, y por esto será llevado a juicio político (Ver páginas 5 y 6). Pero en los últimos años hubo otros jueces que tomaron las mismas medidas, con similares fundamentos, y los violadores que liberaron asesinaron a tres mujeres.
Uno de los casos es el de Miguel Lencina, condenado a 20 años de prisión por abusar sexualmente y matar a dos mujeres. Estaba preso en Concepción del Uruguay y comenzó con salidas transitorias cuando, en 2004, secuestró a Fernanda Aguirre en San Benito. La chica tenía 13 años y, según la sentencia judicial, todo indica que fue asesinada, aunque su cuerpo nunca fue encontrado. El exjuez de Ejecución de Penas de Paraná Miguel Retamoso le había otorgado el beneficio. Pero, a diferencia del caso de Wagner, contaba con informes favorables de los organismos del Servicio Penitenciario y del Juzgado para tal decisión.
Tal vez la sentencia que más se asemeja a la de Rossi, es la del exjuez de Ejecución de Penas de Paraná Mario González Calderón, que fue avalada en sus fundamentos por la Sala Penal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos.
En 2012, el juez le había otorgado la libertad condicional a Adrián Ávalos, un condenado a nueve años de prisión por un abuso sexual perpetrado en La Paz. La fiscal Cecilia Goyeneche recurrió la sentencia en Casación porque se le concedió el beneficio a Ávalos pese a los dictámenes coincidentemente desfavorables del Consejo Correccional, del Equipo Técnico del Juzgado de Ejecución de Penas y de la Fiscalía.
Pero los vocales del STJ le dieron la razón al juez. Daniel Carubia y la hoy presidenta del máximo tribunal de la provincia, Claudia Mizawak, dictaminaron a favor de la libertad condicional. Poco después, Ávalos fue el autor de un doble femicidio en el barrio Humito de Paraná: asesinó y calcinó a su pareja Vanina Marisol Hemmerling, de 33 años, y a la hija de esta, Adriana Cetáu, de 17, quien estaba embarazada de tres meses.
En estos casos, las críticas duraron unos días, pero nadie se hizo cargo de sus errores. Tampoco nadie del arco político pidió destituir a los jueces, como sí reclaman hoy con Rossi. Al parecer, la "sana crítica" de los jueces es superior a lo que aconsejan los profesionales de la salud mental, entre otros.




