Si cualquier persona busca en Google el nombre de Andrés Jesús Sarmiento encontrará alguna que otra noticia referida a las acusaciones en su contra por estafas. En poco más de diez años ha sido acusado en casi media docena de causas. Pero en los últimos días del año pasado pisó por primera vez el penal.

Andrés Sarmiento recibió la Navidad 2020 en el complejo penitenciario San Felipe. El 24 de diciembre la fiscal de Delitos Económicos Susana Muscianisi ordenó su traslado a ese penal, donde quedó alojado mientras avanza la investigación en su contra por fraude.

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Una de las tantas en realidad. Por su forma de operar, simulando ser un empresario lujoso y estafando a personas de ese nivel, fue apodado el Madoff mendocino, en referencia al estadounidense que fue condenado a 150 años de cárcel por una megacausa de estafas piramidales donde recaudó 65.000 millones de dólares.

Andrés Sarmiento no llegó a tal monto, pero también consiguió lo suyo. La última de las 11 denuncias por estafas fue la que lo terminó enviando a la cárcel, por pedido también de Cristian Vaira Leyton, Agustín Magdalena y Lucas Colucci, los abogados de la víctima.

La víctima explicó que conoció al hombre porque sus parejas eran amigas. Tuvieron varias juntadas e incluso alguna que otra en Potrerillos. En esas circunstancias, el Madoff mendocino aprovechó para ganar su confianza. El denunciante estaba sin trabajo y había aprovechado su indemnización laboral para comprar una camioneta y poner un emprendimiento de catering. La víctima ideal para Sarmiento.

Según la declaración del hombre, el estafador primero le ofreció que vendiera electrodomésticos que él conseguía a buen precio porque "había sido gerente de Musimundo en Buenos Aires". El pago era en contado y la entrega en 15 días. Muchos amigos del denunciante compraron, tentados por los buenos precios, pero casi ninguno recibió la totalidad de los productos. Siempre había un inconveniente de por medio.

Pero la acusación que motivó la detención ocurrió el 2 de agosto de 2019. Andrés Sarmiento se reunión con el hombre en su lujoso departamento ubicado en calle Perú, a metros de la plaza Italia. Lo había convencido de que venda su camioneta para comprar hierro que supuestamente conseguía en Córdoba. La idea era revenderlo y ganar entre 18% y 50%, dependiendo si era comercializado en temporada baja o alta.

La víctima vendió el único capital que tenía y que utilizaba para trabajar en su emprendimiento. Según denunció, ese día le entregó $300.000. La idea era recuperar todo el dinero más ganancias en dos o tres meses. Para el mes de octubre, el Madoff mendocino sólo le había devuelto $25.000.

Cansado de sus idas y vueltas y de sus habladurías -Andrés Sarmiento decía que tenía negocios en importantes clínicas y que hacía traslados jerárquicos-, la víctima realizó la denuncia que terminó con la imputación de estafas y el traslado del Madoff mendocino al penal.