Más de 400 personas despidieron al inspector posmortem Jorge Lorens (38), quien fue ultimado de un disparo en la cabeza, en Maipú, por tres asaltantes.

Le dieron un sentido último adiós al oficial que fue asesinado

Por UNO

Por Catherina Gibilaro - [email protected]Más de 400 personas le dieron ayer el último adiós al oficial inspector posmortem Jorge Lorens (38). Fue ultimado de un disparo en la cabeza por tres delincuentes que asaltaban una vivienda en el barrio Barcala, de Maipú, cerca de las 20.53 del jueves. 

En el mismo hecho resultó herido el auxiliar Héctor García (31) –ambos prestaban servicio en la comisaría de Tropero Sosa– el dueño de casa fue lesionado a golpes y un  presunto asaltante Sebastián Gonella (31) fue abatido.

Ayer la calle Taboada de Luján de Cuyo quedó intransitable varias cuadras, debido a la gran cantidad de autos estacionados en los cuales habían llegado quienes despedieron los restos del oficial.

Lorens estaba conviviendo con Natalia Espinosa (35), madre de una nena de 8 años llamada Francesca. “Era su hija del corazón”, dijo desconsolada a UNO, mientras esperaba la salida de los restos de su pareja para ser llevados al cementerio de Luján. La mujer, con voz apenas perceptible pidió, “solamente que se haga justicia. Nada más”.

Una amiga contó: “Hoy (por ayer) Jorge iba a presentarle Natalia a su madre y a toda la familia y mirá lo que pasó”. Los sollozos se escuchaban por doquier. Los ojos, incluso de los jefes policiales, compañeros y superiores del oficial muerto y de toda la cúpula del Ministerio de Seguridad, encabezada por Leonardo Comperatore, estaban llenos de lágrimas.

Minutos antes de las 17 comenzaron los aprestos para llevar los restos de Lorens, formándose una guardia de honor de personal de la Unidad Motorizada de Acción Rápida (UMAR) escoltando ambos lados del coche fúnebre. 

Sus compañeros llevaban el féretro precedidos por la Yolanda, la mamá de Jorge, que debió ser sostenida por familiares porque su dolor le impedía mantenerse de pie. Las escenas eran desgarradoras y no faltaron fuertes aplausos cuando el ataúd salió de la sala velatoria.

Luego, lentamente, comenzó a ponerse en marcha el cortejo formándose una fila de casi 3 kilómetros de automóviles que motivaron que muchas calles de Luján fueran cortadas para dar paso al coche fúnebre y al acompañamiento. A lo largo de todas las arterias muchísimas personas se detenían como una muestra de gran respeto hacia el policía asesinado y los rostros mostraban una profunda tristeza.

La gran caravana de autos impedía ver la carroza en la que eran trasladados los restos de Lorens. Cuando finalmente llegaron a la puerta del cementerio de Luján, ya estaban sus camaradas de Caballería rindiéndole los honores dignos de un efectivo muerto en acto de servicio.

Lentamente los vehículos en los que iban los familiares de Lorens ingresaron detrás del coche fúnebre. Doscientos metros después se detuvieron. Allí fue inhumado el oficial, donde descansan algunos de sus familiares.

Conmovedora despedida de su superior en el cementerio

Fue su jefe el subcomisario Jorge Montaña, quien tuvo a su cargo la despedida a Lorens. Con la voz entrecortada dijo: “Jorge no fue sólo un excelente policía, sino una excelente persona y un gran consejero. Iba siempre con su Biblia y no dejaba de escuchar a quienes pedían más seguridad y esto le costó la vida porque quiso proteger a una familia que estaba en riesgo. Él dejó a su mamá y a todos sus compañeros inmersos en un profundo dolor. Lo vamos a extrañar mucho. En nuestras mentes y en nuestros corazones pasará a partir de ahora a ser nuestro ángel azul”, concluyó  entre lágrimas. Luego el trompa hizo el toque de silencio mientras la madre de Lorens recibía la gorra y la bandera que cubrían el féretro de su único hijo.