Por Enrique [email protected]
El tribunal lo decidió en un fallo unánime contra Alejandro Alegre (27) quien mató a Adriana Sondermann. Mientras duró el debate el acusado-ex novio de la hija de la víctima- no mostró estar arrepentido.
Le dieron prisión perpetua al asesino de la ferretera en San Martín
Con la mano derecha, hoja por hoja y con tranquilidad pasmosa, como si estuviera firmando un contrato de alquiler, Alejandro Alcides Alegre (27) rubricó el acta en donde ayer se lo condenó a prisión perpetua. Esa manera de firmar, de escribir, fue irónicamente la que lo condenó. Su letra quedó grabada en un portón de la ferretería en donde asesinó a Adriana Sondermann (52) la mañana del 22 de junio de 2012.
En fallo unánime, la Segunda Cámara del Crimen de San Martín condenó ayer a este hombre oriundo de Cañada de Gómez y que, una vez que la sentencia quede firme, podrá pedir cumplir la sentencia en alguna cárcel más cerca de su familia.
Alegre escuchó la lectura de su condena sin mostrar ninguna emoción. Así, impávido como durante las dos semanas que duró el juicio, se enteró de que deberá pasar al menos 20 años encerrado.
Una vez finalizada la lectura y mientras los policías lo volvían a esposar, se le acercó su esforzada abogada defensora y quiso darle una palabra de aliento. Alegre apenas asintió con la cabeza pero su mirada continuó tan perdida como siempre.
En la sala apenas se escuchó el llanto de varios de los presentes, todos familiares o amigos de Adriana Sondermann. “Al menos se hizo justicia, pero nadie puede estar tranquila mientras haya gente como él”, dijo Romina Quiroga, hija de la víctima, ex pareja del condenado y con quien tiene un hijo en común.
Pero, más allá de las pocas pero contundentes pruebas que se hallaron en su contra, Alejandro Alegre tuvo durante el proceso actitudes y gestos de un hombre culpable. Frío, ajeno a lo que ocurría a su alrededor, con una indiferencia parecida a la soberbia. Eso le jugó en contra. Un inocente grita su inocencia mientras tenga oportunidad. Alegre solo hizo silencio, siempre.
Para el tribunal, compuesto por Viviana Morici, Jorge del Pópolo y Armando Martínez, quedó claro que cuando todavía no había asomado el sol del 22 de junio de 2012, Alegre ingresó a la propiedad de los Sondermann, en Boulogne Sur Mer al 500, saltando un paredón trasero. Después encerró a los tres perros y eligió un par de hierros, que estaban en el negocio. Luego se puso junto al portón principal, de ingreso a la propiedad. Adriana Sondermann abrió la pequeña puerta de ese portón cerca de las nueve. Apenas la cruzó, Alegre la golpeó en la cabeza con un hierro. La mujer cayó y la golpeó otras tres veces. Luego le atravesó un hierro en el cuello y le pegó varias patadas en los costados. Adriana murió en el acto. Alegre escribió con un hierro en un portón interno: “Carlo, pagá lo que debes o siguen tus hijos”, para despistar.
Después salió por el portón del fondo, tras forzarlo. Luego se fue hasta el albergue en donde se había alojado, pasó por la casa de los Sondermann para tratar de ver a Romina, sin éxito, y se fue a la terminal de ómnibus de Mendoza, donde tomaría el micro de regreso a Cañada de Gómez horas después.
El móvil fue la venganza, ya que en la mente del asesino, Adriana había influido en Romina para que esta decidiera terminar la relación.




