Policiales Miércoles, 28 de marzo de 2018

Las balas extraídas del cuerpo de Concepción son calibre 22, como un arma de su esposo

Los forenses hallaron en su cabeza 2 proyectiles que habrían sido disparados por una pistola del detenido. Es un elemento más para cerrar la pesquisa, aunque resta el cotejo balístico

Con certezas sigue avanzando la investigación por el crimen de la chilena Concepción Arregui (59), a manos de su esposo, Roberto Audano (70). A la confesión de la autoría del hecho y a las pruebas que lo incriminan ahora se sumó un elementos que permite ir cerrando el caso: las balas extraídas de la cabeza de la víctima coinciden con una de las armas que tenía el agresor.

Tras el hallazgo del cuerpo el pasado domingo en el dique Potrerillos, los pesquisas trabajaron sin pausa para sumar informes a un expediente que ya está más que encaminado. La autopsia en el Cuerpo Médico Forense determinó que Concepción murió por dos disparos que le pegaron en la cabeza: uno en la nuca y el otro en la sien. De esas zonas los especialistas extrajeron dos proyectiles calibre 22. Justamente, una pistola Bersa calibre 22 le encontraron a Audano en el allanamiento que la policía hizo en la casa del matrimonio, en Luján. Además de esta arma, los efectivos encontraron una pistola 11.25 y dos carabinas.

Si bien resta el cotejo balístico oficial, los investigadores tienen la certeza de que el hombre la mató con la pistola calibre 22. Esa prueba se realizará la semana que viene.

En cuanto a este punto, hay otro dato que reafirma la hipótesis: los detectives tuvieron acceso a una conversación telefónica entre los hijos de Audano en la cual uno de ellos le decía al otro que con esa pistola su padre había asesinado a Arregui. La confesión se la hizo el homicida en una visita al penal.

La comparación balística, las pericias psicológicas al imputado y la audiencia de prisión preventiva (aún no hay fecha) son las medidas que le restan al caso. Una vez que se cumpla todo eso, el fiscal Gustavo Pirrello terminará de darle forma al expediente para elevarlo a juicio.

El primer indicio que complicó al acusado fue que mientras la mujer era buscada, la policía ubicó la señal de su teléfono en la zona de Potrerillos.

Cuando lo detuvieron, en su camioneta encontraron manchas de sangre que luego se confirmó que eran de Concepción. En este contexto, el sospechoso confesó el hecho y dio detalles de cómo la asesinó.

El propio Audano había hecho la denuncia de paradero allá por el 5 de febrero pasado. En ese momento dijo que él la había llevado a la terminal porque la mujer viajaría a Chile para reencontrarse con su familia.

La pareja pasaba por una crisis y Arregui había tomado la decisión de separarse. La división de bienes era el problema más fuerte. Puntualmente la venta de la casa de Las Compuertas, Luján, en donde vivían. Esa propiedad fue adquirida por ella antes de que se casaran, por lo que el dinero de la transacción quedaría casi todo para ella, a excepción de algo de plata que le reconocería a Audano por refacciones. Esto habría desatado la furia del hombre, que se quedaría sin lugar para vivir.

Por esto decidió matar a su esposa. La llevó engañada hasta un camping de Luján y le pegó dos tiros. La cargó en su vehículo y se dirigió hasta el dique Potrerillos. En un sector arrojó el cuerpo envuelto en una bolsa de dormir y en una carpa. Antes, con cadenas le ató al cadáver un balde con cemento para que se sumergiera lo más posible. Con el crimen ya confeso, Audano fue llevado al dique, donde indicó el lugar en que la tiró. A 18 metros de profundidad los buzos hallaron el cuerpo luego de 48 días.

Sin prisión domiciliaria

Por su edad, el acusado, de 70 años, estaría en condiciones de acceder a estar detenido en una vivienda. Sin embargo, su abogada no ha solicitado este beneficio. Trascendió que su defensora no lo ha hecho porque ninguno de los hijos de Audano está dispuesto a recibirlo en su casa.

El hombre sigue alojado en el penal, bajo la imputación de homicidio agravado por el vínculo.