Una fuerte repercusión, no sólo en la Argentina sino en el exterior, tuvo la noticia de que la Justicia argentina ordenó la excarcelación de Eva Analía De Jesús, más conocida por su sobrenombre, Higui.
Ocurre casi ocho meses después de que Higui fuera encarcelada por haber matado a uno de los hombres que habrían intentado violarla por ser lesbiana.
Ahora Higui esperará en libertad la celebración del juicio por homicidio.
El tema comenzó a tener repercusión pública varios meses después de ocurrido cuando organizaciones sociales y feministas lo ventilaron en la prensa.
Fue entonces que la defensa de Higui pasó a manos de una abogada con una larga trayectoria en violencia de género, Raquel Hermida.
Higui estaba detenida desde la madrugada del 17 de octubre de 2016, acusada de matar a Cristian Rubén Espósito de una puñalada en la localidad bonaerense de San Miguel.
Higui declaró ante la Justicia que Espósito y dos amigos de éste la insultaron por su orientación sexual, la golpearon y la tiraron al suelo con la intención de violarla.
"Te voy a hacer sentir mujer, forra lesbiana", afirmó Higui que le dijo uno de los agresores, mientras le rompía los pantalones.
Cuando Espósito se arrojó sobre ella, Higui le clavó un cuchillo que llevaba encima para defenderse. El supuesto agresor murió casi en el acto y la mujer quedó presa.
De entrada empezaron los problemas: la familia de la acusada tardó tres días en poder verla en la comisaría donde estaba detenida. Y la causa se mantuvo casi cinco meses en un cajón.
La abogada defensora denunció haber descubierto una larga lista de irregularidades en el procedimiento, entre ellas la ausencia de un informe con los golpes que presentaba Higui en el momento de su detención, además de los insultos que recibió de los agentes de policía y la falta de una pericia psicológica. Cuando se la realizaron, arrojó como resultado que no mentía.
Para su abogada, fue legítima defensa. Y por eso pidieron su liberación, que fue denegada en primera instancia. El caso Higui tomó masivo estado público en la última marcha de Ni Una Menos, donde fue uno de los símbolos de la violencia de género.


