El delincuente se abrió una herida que tenía suturada y comenzó a gritar: “Tengo SIDA, me los voy a llevar conmigo” en medio de un operativo para su detención.

La Justicia resolvió indemnizar a un policía que entró en depresión cuando un detenido intentó contagiarlo de SIDA

Por UNO

Por Sebastián [email protected] / @sebasalas_

El 28 de octubre de 2004 marcó un antes y un después en la vida de un policía de Rivadavia. Desde ese día, el hombre padeció un trastorno psicológico luego de que un detenido intentó contagiarlo de SIDA intencionalmente. El uniformado inició una demanda laboral y ahora percibirá una indemnización que asciende los 100 mil pesos.

Juan Domingo Lucero es cabo de la Policía de Mendoza y para esa fecha prestaba servicio en la Comisaría 13, ubicada en ese departamento del Este provincial. Esa jornada se encontraba de guardia, cuando fue trasladado junto a dos efectivos a un procedimiento en calle Echeverría.

En el lugar había un joven cometiendo robos quien intentó resistirse a la detención. En medio del forcejeo, según consta en el expediente civil, el sospechoso se abrió una herida que tenía suturada en el brazo izquierdo y comenzó a golpear su cabeza contra el móvil policial. El individuo comenzó a salpicar a los efectivos policiales con su sangre y les gritó: “Tengo SIDA, me los voy a llevar conmigo”.

Tras el suceso, los policías se dirigieron inmediatamente al Hospital Saporitti ya que sufrieron lesiones cortantes en medio de la riña y tenían miedo de haber sido contagiados. Los médicos les suministraron mecanismos de prevención contra la posible infección.

Si bien los profesionales determinaron que efectivamente el detenido era portador, los uniformados no sufrieron contagio. De todas formas, Lucero comenzó a ser atendido por Provincia ART debido a un cuadro de nerviosismo por lo que estuvo en licencia hasta principios de diciembre de ese año.

Si bien desde la aseguradora le otorgaron el alta los primeros días de ese mes, continuó con licencia por enfermedad dispuesta por Sanidad Policial hasta enero de 2006, cuando se reincorporó a sus funciones en la localidad de Desaguadero.

La situación no  mejoró ya que un año y medio después el efectivo continuaba con trastornos y conflictos. Una psicóloga detalló en un informe que Lucero sufrió discriminación laboral, familiar y vecinal y presentó signos de depresión como “pérdida del apetito, trastornos del sueño, angustia, llanto inmotivado”, entre otros.

La profesional determinó que el uniformado padece depresión psicótica y que está “evolucionando hacia un estado melancólico”, por lo que padece una incapacidad laboral del 40%. Bajo esta premisa, solicitó una indemnización de 60 mil pesos a la ART.

La aseguradora negó la demanda y, entre otros argumentos, aseguró que el hombre no sufrió el contagio de SIDA en el hecho acaecido y que las enfermedades que padece son “inculpables y de carácter extra laboral”.

Finalmente, los jueces de la Séptima Cámara de Trabajo –Sergio Simó, Ana María Salas y Diego Cisilotto- resolvieron condenar a la ART al pago de 95 mil pesos en efectivo, suma que ascenderá una vez calculados los intereses y costas del caso.