Finalmente el cuarto detenido, es Mario Daniel Fúnez Osorio (28), hermanastro de Alfredo Osorio, quien fue imputado por el delito de encubrimiento agravado. Este joven fue encontrado en la vivienda de la pareja imputada en el Bajo Luján, lugar donde irrumpieron el martes pasadas las 14 los pesquisas de Delitos Complejos actuando en forma conjunta con el personal de la Unidad Investigativa de Luján (UIL). Allí detuvieron al cuarteto sospechado de tener vinculación con el alevoso doble crimen. La rapidez con la cual actuaron los efectivos fue facilitada por la prontitud con la que el juez de garantías David Mangiafico extendió las órdenes de allanamiento. Los pesquisas llegaron al lugar tras haber obtenido información de que el automóvil Citroën C3 del matrimonio Ortega había sido visto cerca de la casa la noche anterior. Este vehículo fue hallado luego totalmente quemado y sin las gomas ni la batería precisamente en el río Mendoza en el Bajo Luján. Pero lo que más comprometió especialmente a la pareja, detenida por ahora en Contraventores, es que en la vivienda que ambos compartían fue encontrada la cartera de Paulina Bransini, quien cuando salía acostumbraba llevar dinero. El reconocimiento de este importante elemento por parte de los hijos de la mujer fue una de las pruebas irrefutables con las que contó el fiscal Garay para imputarlos de tan grave delito.
Los atacaron cuando iban a comer un asado Paulina y Antonio habían salido el domingo a la mañana rumbo al santuario de la Virgen de Lourdes en Agrelo. No es la primera vez que se quedaban allí hasta las primeras horas de la tarde, ya que comían en el lugar. Y fue justamente en ese sitio donde fueron sorprendidos por Osorio y Olmo, quienes iban en una carretela con dos hijos pequeños. Según se supo, la mujer le habría sugerido al hombre robarles a los ancianos. Y así fue como se acercaron y los atacaron cuando se aprestaban a hacer un asado. Al parecer primero habrían arrojado a Paulina al cauce del canal, ante lo que el anciano intervino, ofreciendo desesperada resistencia frente a una situación tan inesperada y tremenda. Así lo establecieron los forenses, por las lastimaduras en los brazos, propias de una actitud defensiva. Otro trascendido, atroz, indica que los atacantes luego del crimen se sentaron a comer el asado.