Una pareja de amantes comenzó a ser sometida a juicio por el brutal homicidio de Sergio Magallanes, un vigilador privado de 43 años ultimado el 14 de setiembre de 2010 mientras dormía en su cama. Magallanes fue asesinado a martillazos en la cabeza y con una puñalada en el pecho ejecutada con una daga que le perforó un pulmón.
El hecho ocurrió en la calle Aristóbulo del Valle y en la Segunda Cámara del Crimen, presidida por Raúl Rodríguez y completada por Jorge Yapur y Aroldo Gorri, ahora se juzga a Selva Riquelme (esposa de la víctima) y Raúl Campos (amante de Selva). Una de las claves de la sentencia pasará por saber si la mujer participó o no de la planeación del crimen.
Campos confesó el crimen en sede policial ante los datos que ya tenía la policía aportados por vecinos, pero ahora en el juicio, aunque volvió a admitir ser el autor del crimen, cambió el papel de su amante. Mientras en un principio dijo que el homicidio fue planeado con ella, ahora afirma que la mujer no sabía nada. Ante los jueces, aseguró que la involucró porque fue amenazado en Investigaciones. En un momento de su relato, el tribunal le preguntó si en su declaración ante el juez, donde de igual forma involucró a su amante, también fue amenazado. Los jueces le señalaron que así como él tiene a derecho a mentir en su declaración, ellos tienen derecho a creerle o no.
El juicio empezó ayer y terminará entre jueves o viernes. El primer testimonio fue el de Campos, quien comenzó contando cómo se conoció con la mujer. Señaló que antes del hecho, Riquelme le dijo que esperaba un hijo de él y que poco después lo había perdido golpeada por la pareja.
Ese habría sido, según narró Campos, el motivo por el que aquél día decidió ir a hablar con la pareja de su amante.
“Llegando a la puerta de la casa encontré un martillo y entré. Lo busqué (a Campos) en el comedor y no estaba. Ella (por Riquelme) no estaba, fui solo. Lo vi acostado y con el martillo le pego en la cabeza; salgo para el comedor y me volví (ya con la daga) y le pegué en el pecho”, relató Campos, quien dijo no saber por qué lo hizo y repitió “se me puso la mente en blanco”.
Durante casi todo el relato Campos se llevó varias veces la mano a la cara y suspiró. Actitudes como esa y como mirar a cada rato a su abogado le valieron una reprimenda de los jueces, que le preguntaron, entre otras cosas, si estaba declarando en forma libre.
“No sé por qué lo hice, sentí rabia porque le había hecho perder el embarazo. Me arrepiento de lo que hice”, dijo Campos. Agregó que se fue a su casa y que como a las dos horas la mujer lo llamó para preguntarle si había sido él.
Entre las preguntas del fiscal, Víctor Hugo Giambastiani, estuvo la de por qué, si sólo fue a la casa del hombre a hablar, no dejó la moto en la puerta y sí a 70 metros. Más tarde su defensor le preguntó si sabía leer y escribir, a lo que respondió que muy poco y si sabía lo que era ratificar o rectificar, a lo que respondió que no.
La mujer acusada ayer se abstuvo de declarar. Pasaron por el estrado el forense Fernando Barrera, quien precisó que la muerte se produjo por la puñalada en el pecho y quien dijo que llegó a contar unas siete improntas de golpes en la frente.




